domingo, 25 de septiembre de 2016

EL TORTUOSO E INDECLINABLE CAMINO DEL REVOCATORIO

LEOPOLDO MARTINEZ

EL NACIONAL

La decisión del CNE (o mejor dicho, del régimen) era de esperarse. Causa indignación y rabia, pero no sorprende. Personalmente, en varios artículos expuse que debíamos prepararnos para el peor escenario en el camino del revocatorio. Y aquí estamos.
Pero no podemos permitir que los impulsos emocionales nos dominen. Ya se escuchan los gritos en torno al 350, ya topamos con precoces análisis repitiendo que “este régimen no sale por las buenas”. Pero hay que ubicarse en la realidad. Esta decisión resulta del acompañamiento y acumulación de dos poderes fácticos: el TSJ y los militares, cuyo tutelaje hace posible este grotesco esfuerzo por ahogar el revocatorio, reprimir selectivamente y aspirar a la "normalización" de la crisis a pesar de su gravedad.
Por eso, la respuesta debe ser política y siempre montados en el riel del referendo revocatorio, convirtiendo la recolección de firmas en un movimiento social que registre las formidables dimensiones del rechazo popular al régimen. De donde vengan y como lleguen, además del 20% de firmas que se nos piden, -sin base legal alguna, por entidad federal-, hay que tomar la calle masivamente; y, si es necesario, colapsar durante tres días los centros de recolección habilitados para este proceso, con la gente de pie y sin retorno a sus casas hasta que se le deje firmar. No una marcha más para fotografiar desde las azoteas. Las calles deben ser tomadas por las colas para firmar y hasta que firmen 7 millones de personas. Tantas como votos se necesitan para revocarlo.
A quienes creen que el revocatorio no tiene sentido en 2017, les pregunto: y si lo hubiese y se gana, en medio de la crisis y manteniendo la presión de calle, ¿creen que Maduro podrá olímpicamente decidir quién será el vicepresidente, sin que esa persona sea reflejo de una negociación que trascienda la actual base de apoyo del gobierno? ¿Creen ustedes que ese encargado de la presidencia podrá seguir adelante con las mismas políticas de Maduro, después de tan monumental terremoto político? Obviamente, no. Hay que dar otra lectura a lo que sucede. El régimen se prepara para una salida, pero esta ocurrirá solo si mantenemos la presión del revocatorio. Sin dar continuidad y escalar en la magnitud de ese esfuerzo constitucional, el régimen triunfa. Si la oposición desiste, o peor, si se divide entre quienes desisten y quienes continúan adelante con el revocatorio, Maduro hace una fiesta en el Círculo Militar. Así de sencillo.
Las transiciones comienzan y terminan siempre de forma muy diferente a como las pensamos. Incluso, a veces van avanzando por dentro del régimen de forma inadvertida. Maduro quiere terminar su presidencia y lo tiene cada vez más difícil, pero en el camino y con el apoyo de militares, el CNE y el TSJ han podido poner las cosas en un terreno diferente. Si este año hay elecciones regionales y revocatorio, el chavismo queda barrido políticamente. Eso es lo que han querido evitar, para negociar desde el poder una transición.
Pero esa transición también se aproxima impulsada por lo económico. El racionamiento, la falta de medicinas, la inflación y el hambre que azotan al país son resultado de una decisión insostenible: el Gobierno ha sacrificado al pueblo para pagar compromisos financieros internacionales. Y de la misma manera ha sacrificado a los contratistas que hacen posible la operación de Pdvsa para honrar deudas financieras. Al ritmo de deterioro que llevan las cosas, con los precios del petróleo sin expectativa de aumento, y entendiendo que hasta un viraje racional de la economía no reactivará al sector privado en lo inmediato, el Gobierno con o sin referendo tendrá que sentarse a buscar aliados para hacerse viable en lo económico, salvo que logre “normalizar” la gravedad de la crisis, cosa que es posible pero nada fácil. Ese ha sido el drama de Maduro, difirió un viraje económico y ajustes bien concertados en el marco de un cambio de políticas, para no arriesgar en lo político. Y terminó perdiendo el capital político sin sortear la tempestad económica, porque nunca llegaron mejores precios del petróleo. Frente a esa realidad, la única salida es, otra vez, política. Sus objetivos inmediatos: diferir todo tipo de elección y dividir a la oposición; reprimir selectivamente para atemorizar y atizar el conflicto interno de la oposición. Su esperanza, que puedan normalizar la vida en crisis y retener el poder.
Ahora bien, si la oposición insiste y escala la movilización popular en torno al revocatorio, al tiempo que exige elecciones regionales, cabe la posibilidad de allegarse en un punto de quiebre enmarcado en la Constitución. Y no hay que descartar lo que hace meses dijimos es también una alternativa: negociar la transición.

Nos leemos por Twitter @lecumberry

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