domingo, 25 de septiembre de 2016


Sin Derechos Humanos e Inclusión Social no se gobierna


Pedro Luis Echeverria


El respeto a los derechos humanos, la inclusión social, el cumplimiento de las leyes y el buen funcionamiento del sistema judicial son principios básicos que deben ser observados para consolidar la paz y la gobernabilidad en democracia.
Salvo algunas excepciones, en el mundo actual se ha venido construyendo un sólido cuerpo de principios éticos para la observancia de los derechos humanos, institucionalizado a través de instancias como son, entre otros, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Corte Interamericana, la Corte Penal Internacional, Tratados y Protocolos  internacionales, las Convenciones de Naciones Unidas y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Este cuerpo doctrinario, a su vez, está íntimamente ligado con el tema de la inclusión social para legitimar la democracia y que ésta se coloque al servicio de los grupos sociales más vulnerables y evitar así la explicable y extendida insatisfacción que existe sobre la eficacia de sus acciones. En síntesis la búsqueda de la equidad, sin distingos ideológicos, se ha convertido en un objetivo fundamental para procurar una adecuada redistribución del ingreso y una eficiente y efectiva protección social.
Igualmente, el fortalecimiento del respeto a la ley y el buen funcionamiento del poder judicial es la respuesta que el mundo actual está tratando de dar a las amenazas que se vislumbran sobre la gobernabilidad como son, por ejemplo, el inusitado auge de la violencia urbana, las arremetidas del narcotráfico y del terrorismo que pretenden  controlar y corroer la acción de los gobiernos y debilitar la estabilidad institucional de los países.
El desarrollo de programas para promover la democracia como forma de gobierno, asegurar la vigencia de los derechos humanos y crear más legitimidad a través de adecuados y bien focalizados programas sociales son los aspectos más destacados que la comunidad internacional ha venido asumiendo multilateralmente. Ya no es posible el aislamiento. Los miembros de la comunidad internacional están hablando entre ellos de sus diferencias y problemas comunes. Democracias representativas, economías de libre mercado, gobiernos relativamente poco intervencionistas y protección de libertades fundamentales, son los  temas que conforman la estabilidad internacional necesaria para el progreso y el desarrollo. Se trata de una fuerte acción multilateral para garantizar elecciones limpias y transparentes, fortalecer los sistemas políticos y el establecimiento de una agenda para la lucha contra la pobreza.
La búsqueda de un común ideario es compleja. Es difícil encontrar identidades y aproximaciones que sustituyan las confrontaciones y rupturas que han caracterizado, durante los últimos años, las relaciones internacionales. La primera gran tarea que se apresta a realizar la comunidad internacional será la de actuar coordinadamente para contribuir pragmáticamente a construir un nuevo modelo social de desarrollo que convoque a la unidad y al ejercicio de la corresponsabilidad colectiva y la observancia de las reglas multilaterales para la convivencia pacífica. Esos son los temas internacionales  que irresponsablemente el gobierno venezolano desdeña e incumple  y que han hecho que se profundice  su aislamiento creciente de los centros del poder mundial. El estrepitoso y costoso fiasco para el gobierno que significó la intrascendente  Cumbre del Movimiento de Países  No Alineados; las dificultades que confrontamos en los mercados financieros externos para obtener financiamientos o reordenamiento del pago de nuestra deuda externa; el rechazo  de los países del Mercosur a la dirección y  membresía venezolana en ese esquema de integración, son pruebas tangibles que nuestro país cada vez tiene menos importancia y peso político en la comunidad internacional.   

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