domingo, 25 de septiembre de 2016

EL TIMO Y EL PEINE

RAUL FUENTES

EL NACIONAL

Esta semana la crítica llovió a cántaros sobre conspicuos representantes de la oposición en atención al inexplicable secretismo que rodeó presuntas conversaciones con el gobierno –se olvida que la política es no solo «ciencia de gobernar», sino, además y sobre todo, «arte de negociar»–, rechazadas de plano por defensores de inmaculadas posiciones principistas, escudados en lo que Alberto Barrera denomina purismo, intransigente postura de quienes parecen haber perdido el sentido de la realidad y creen que la disidencia se ciñe a un libreto compuesto por el chavismo (que financiaría sus actividades) y «proclaman que es muy fácil salir del oficialismo […] que Maduro sigue ahí gracias a un pacto con la MUD»; sin embargo, aunque el diálogo acaso no sea más que cotorreo de mentirijillas para no desairar a Unasur y sus emisarios, debemos admitir que el hermetismo y el sigilo han repercutido negativamente sobre la credibilidad de la dirigencia opositora, y su fiabilidad resultó un tanto resquebrajada, especialmente con la performance de Timoteo.
Reputado terciador de no muy santas alianzas, Timo (así le llamaremos confianzudamente) parece apegado a una agenda muy peculiar que, si no es producto de su proactividad –lo cual no excusaría su improcedencia– probablemente lo sea de acomodos por debajo de la Mesa. Por algo lo defendió Pedro Carreño. Lo cierto es que Timo ha sido vapuleado por quienes no entienden por qué, después de la histórica movilización del 1S, la MUD anda del timbo al tambo y, bajo los efectos de un ratón triunfalista, haya atenuado el volumen de los cuestionamientos, poniendo en riesgo su sintonía con el ciudadano. ¿Para quién trabaja Timoteo?, fue pregunta multiplicada exponencialmente en las redes sociales. De momento es, no solo por motivos de rima coja, el propio pagapeos. Le consuela fantasear que también lo fue, pero de Pablo de Tarso, ¡una pelusa!, el santo con cuyo nombre fue bautizado.
Cuando comenzamos a pergeñar estas líneas no proyectábamos engordar la chismografía –aunque, al igual que a la Lupe, el chisme nos alimente–; tampoco, abordar cuestiones religiosas –de ser testigos de lo que aquí acontece, el venerable Iñaki de Errandonea, S. J. o su albacea literario, Miguel Otero Silva, reemplazarían, en  Las Celestiales, a Sireneo con Timoteo–; no eran tales nuestros propósitos; queríamos, simplemente, referirnos al peine, mas el timo (no Teo) torció el rumbo de nuestra escritura e impuso la digresión introductoria, amén del título. Dejemos, pues, de lado los escarceos, y entrémosle al peine sin temor a que el capitán Cabello crea que el asunto le concierne y –perdonen los neologismos– el esquizopelón, oligofrenólogo y gran elector a la sombra asuma que nos mofamos de su alopecia. Nuestro peine no es ese utensilio bueno para escarmenar greñas y desenredar tumusas que un anticuario llamaría ridículamente escarpidor; el nuestro es, como habrá adivinado el lector, el sustantivo con que, figuradamente, aludimos a la trampa.
Con la calculada frialdad del tahúr que esconde ases bajo la manga y apuesta el resto para desplumar a los jugadores, el gobierno, instruido por fulleros cubanos o el remendón en persona –aquí cabe un latinajo de página rosada, Ne sutor ultra crepidan, o sea: Zapatero a tus zapatos–, porque Nicolás no tiene seso ni temple para envites de alto vuelo, plantó el peine que pisaron tontamente algunos cuadros unitarios, para ser alevosamente expuestos como marrulleros por Maduro & Rodríguez. De felonía tildó esa concha de mango el general Ochoa Antich; una iniquidad que expuso «la abyecta actitud del presidente Maduro al hacer del conocimiento público la ocurrencia de una reunión con dirigentes opositores, sobre la cual había sido acordado mantenerla en secreto, y, además, mentir sobre el contenido de la misma»
La MUD, no obstante la añagaza, continuó presionando a las risueñas celestinas, a fin de que dejasen el manguareo y anunciaran de una putañera vez el cronograma inherente a la celebración del RR. Fue pedir peras al olmo: su propuesta infringe la carta magna y coloca la revocación en pico de zamuro, consumando una descomunal estafa al elector. Satisfacen las trotaconventos deseos (órdenes) del Ejecutivo y escamotean olímpicamente disposiciones constitucionales. Semejante pleitesía reclama una tajante demostración de poder civil que ponga las cosas en su lugar. No debe permitirse una sola violación más de los derechos ciudadanos. De momento, hay dos interrogantes harto pertinentes. La primera, ¿qué pasa si no hay revocatorio este año? A esta, respondemos con palabras de Andrés Hoyos (“El revocatorio: sí o también”, El Espectador 22/09/16): «Un referendo revocatorio, así sea en 2017 y conduzca a la posesión del vicepresidente nombrado por Maduro, tendría el mismo efecto devastador para el chavismo». Queda en suspenso la otra gran pregunta: ¿respaldarán las fuerzas armadas este timo anticipado en el peine colocado con su cómplice vista gorda?

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