miércoles, 25 de junio de 2014

RAMÓN J. VELÁSQUEZ

                                                           
  Juan Páez Ávila
                                       
La muerte del Dr. Ramón J. Velásquez constituye para su familia un gran pesar, una ausencia dolorosa del hogar que formó con Regina Betancourt y sus cuatro hijos, y  para Venezuela la pérdida de un ciudadano ejemplar por sus valores éticos, morales, políticos e intelectuales.
Formado en un hogar de maestros y periodistas, Ramón J. Velásquez, decide viajar de San Cristóbal a Caracas a terminar estudios de bachillerato en el Liceo ¨Andrés Bello¨ y abrirse camino hacia la Universidad, el periodismo, la historia y la política de su tiempo, como queda expresado en una larga conversación que sostiene con los historiadores  Catalina Banko y Ramón González  Escorihuela, quienes la editan en un libro titulado: UN PAÍS UNA VIDA.  Viaja con Leonardo Ruiz Pineda, con quien comparte  inquietudes intelectuales  y políticas y  en cierto modo se proponen conquistar la capital, no con el fusil y el machete de sus coterráneos Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, sino con la pluma, el talento y la voluntad de formar parte de una nueva generación de jóvenes andinos, que además de prepararse y ascender a niveles de profesionales de educación superior, contribuir a cambiar el país semifeudal que los asfixia por una nación moderna y democrática  
          Después de un largo y penoso viaje que dura 4 días  en autobús por una carretera de tierra, continuará realizando el periodismo liceísta que había ejercido en el liceo ¨ ¨Simón Bolívar¨ de San Cristóbal, participa en reuniones con dirigentes juveniles de la Federación de Estudiantes, ingresa a la Universidad Central de Venezuela y obtiene el título de Abogado de la República y Doctor en Ciencias Políticas y Sociales, para luego asumir el cargo de Redactor de temas políticos del diario Ultimas Noticias, lo que le permite conocer y analizar el universo político de la era posgomecista, hasta nuestros días.
          Testigo como periodista y protagonista como político de la evolución social, económica y política del país, durante más de la segunda  mitad del siglo XX, le tocó enfrentar momentos críticos y peligrosos de nuestra accidentada historia, especialmente en la época de la resistencia a la dictadura de Pérez  Jiménez. Corredactor del  Libro Negro de la Dictadura, con Simón Alberto Consalvi,  José Agustín Catalá, Juan Liscano y Héctor Hurtado fue detenido por segunda vez. Al salir en libertad y conocer del asesinato de su compañero y amigo Leonardo Ruiz Pineda, fue hasta la Avenida San Martín a reconocer y despedir al Secretario General de AD en la clandestinidad   
          En 1956 lo detuvieron y estuvo preso en la cárcel de Ciudad Bolívar, hasta el 23 de Enero cuando cayó el dictador.  La publicación de : UN PAÍS UNA VIDA, es en parte una síntesis del testimonio de un ciudadano ejemplar dedicado al estudio de la historia, al periodismo y al ejercicio democrático de la política, de la que ha hecho una cátedra abierta señalando siempre un camino de libertad a sus lectores y amigos. Su imagen es histórica, pero también de leyenda. En un pequeño calabozo de la cárcel de Ciudad Bolívar, donde estábamos secuestrados por la dictadura del General Pérez Jiménez, en 1957, algunos jóvenes que le acompañábamos le oíamos narrar, de memoria, gran parte de Historia Republicana de Venezuela. Entre el análisis de nuestro acontecer político y la anécdota oportuna, no sólo disfrutábamos de su extraordinaria cátedra, sino que también nos olvidábamos por algunas horas del aislamiento, del encierro y de la amenaza del cabo de presos que peinilla en mano llamaba a cualquier hora a formar fila, para pasar lista de los detenidos. Don Ramón siempre preservó su serenidad y fortaleza espiritual.
          La Historia de Venezuela que nos contaba estaba cargada de perseguidos políticos, de prisioneros, de guerras horrendas entre venezolanos, de caudillos que ascendían al poder mediante la violencia y en  poco tiempo sucumbían frente a las protestas y alzamientos de sus adversarios. El Auge y Caída del Liberalismo Amarillo era tal vez la parte de nuestra historia más reciente, que al relatarla el Dr. Velásquez despertaba el mayor interés en quienes le oíamos con atención y respeto. La corrupción política y administrativa de finales del siglo XIX que dio al traste con el régimen de partidos y facilitó la aventura del General Cipriano Castro y su ascenso al poder por la violencia, la comparábamos  algunos con la crisis moral y política de la dictadura de Pérez Jiménez, lo que nos sugería cierta esperanza de libertad
          Y aunque veíamos muy lejos la caída del tirano, a los pocos meses también se desplomó. Cuando abordábamos los autobuses hacia la libertad, alguien notó que los presos militares seguían en sus  calabozos. El Dr. Velásquez tomó la palabra y expresó: ¡Si no salimos todos, regresamos a los calabozos! El Coronel que nos liberaba no tenía ese mandato. Regresamos a nuestras celdas, hasta el otro día cuando llegó la orden de liberarnos a todos.
          Una vez recuperada la libertad, fue Senador por el Estado Táchira, Ministro y Presidente Encargado de la República. Entre su obra intelectual destacan: Confidencias Imaginarias de  Juan Vicente Gómez  y La Caída del Liberalismo Amarillo. Tiempo y drama de Antonio Paredes; dirigió la Colección del Pensamiento Político Venezolano de los siglos XIX y XX y ha  ejercido en dos períodos distintos la dirección del diario El Nacional. Su vida y su obra  reflejan en gran parte la realidad de la Venezuela del siglo XX, que todavía, en el XXI, se debate entre el  militarismo heredado de las guerras del XIX y la que él mismo ha representado con su conducta ciudadana, teórica y práctica, que corresponde a todos los venezolanos que buscan la consolidación de un Estado democrático en el que impere la libertad, la justicia y el progreso  social. 
Una vez destituido el Presidente Carlos Andrés Pérez, las direcciones nacionales de Acción democrática y de Copey se pusieron de acuerdo para la persona que a su criterio reuniera las condiciones de equilibrio político y capacidad de estadista, para proponerlo al Senado para nombrarlo Presidente Provisional de la República por los meses que faltaban para llamar a elecciones presidenciales. El Dr. Ramón J. Velásquez, historiador, periodista, ex –Senador y ex –Ministro fue convencido para que aceptara la propuesta bipartidista, lo que llevó a las demás Fracciones Parlamentarias a abstenerse de votar en su favor. Yo asumí mi condición de Senador independiente, electo en las planchas del Movimiento Al Socialismo (MAS), partido que además establecía en sus estatutos la libertad de conciencia. Compañero de prisión en  los calabozos de la Cárcel de Ciudad Bolívar, donde fraguamos una sólida amistad que me inclinó a respaldarlo, con la convicción de que se trataba también un luchador político independiente, ponderado, necesario para enfrentar una crisis como la que atravesaba el país, y con el coraje de un luchador por la democracia. 
          El Dr. Ramón J. Velásquez cumplió con el mandato para el cual fue investido de Presidente Encargado de la República y presidió el proceso electoral de 1993 en el que fue electo por segunda vez el Dr. Rafael Caldera como nuevo Jefe del Estado para el período 1994-1998.



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