sábado, 6 de agosto de 2016

EULOGIO DEL PINO VERSUS MADURO

FAUSTO MASÓ

Venezuela se está quedando sola. Ni Bolivia ni Ecuador y mucho menos Argentina, la respaldan. Discreta, o abiertamente, los países supuestamente revolucionarios descubrieron el camino de prosperar. Los chavistas del continente salieron corriendo, se evaporaron, son lo que el viento se llevó. Ni siquiera los que están cobrando en el gobierno, o recibiendo alguna paga por debajo de la mesa, sacan la cabeza. Es un verdadero bochorno proclamarse chavista, parece igual a enorgullecerse de una enfermedad venérea. Nadie quiere que lo asocien con Nicolás Maduro que se mantiene en el poder por inercia. En cualquier elección derrotarán al chavismo. ¿Harán elecciones? No tienen demasiado interés en contarse.
Estos son los resultados de una encuesta hecha hace unas pocas semanas por Datin Corp, la cual muestra resultados desbastadores para el chavismo. Mientras estaba vivo Chávez todavía el cuento conservaba alguna credibilidad, enterrado el comandante eterno Maduro no ha hecho más que perder y perder apoyo popular
A 1.199 electores les formularon 9 propuestas políticas y económicas para medir su nivel de acuerdo o desacuerdo con las mismas, pero sin expresarles a cuál bloque político pertenecían las propuestas para evitar las respuestas sesgadas por la confrontación.
83% de los chavistas estuvo de acuerdo con las propuestas económicas opositoras. Igual acuerdo tiene 90% de los opositores y 87% de los nini. Es decir que ya no hay socialistas en Venezuela. Maduro acabó por desaparecerlos, y hoy piensan como capitalistas.
Los chavistas coinciden con la opinión general del país en temas como respeto a la propiedad  privada, ninguno se proclama socialista ni admirador de Karl Marx. Chavistas y antichavistas defienden la Constitución, rechazan cualquier revolución. Quizá solo los diferencie que los chavistas no se atreven todavía a enterrar a Chávez, pero coinciden con el resto del país en la condena a Nicolás Maduro.
¿Qué salva entonces al gobierno?, la inercia, la falta de decisión para derrocarlo, o la seguridad de que conviene esperar a celebrar elecciones, porque el venezolano sigue siendo esencialmente democrático.
Los chavistas quieren unificar los tipos de cambio, no creen en el sistema de controles, creen que los precios deben ser rentables para los empresarios, en una escala algo menor que los antichavistas. Es obvio. Ahí está el ejemplo argentino que ya a finales de  este año comenzará a crecer con Macri.
Alfonso Prat-Gay, el ministro de la economía argentino, declara sobre Mercosur, Argentina lo defiende y lo cree útil y criticó duramente al gobierno de Venezuela porque “dice ser parte de él pero no cumple prácticamente ninguna de sus obligaciones como país miembro”.
“La integración en el mundo tiene un primer efecto beneficioso que es que nos evitó el ajuste y nos evitó fundamentalmente ir al camino al que íbamos derechitos, que es en el que está ahora Venezuela”, aseveró el titular de la cartera de Hacienda y Finanzas Públicas en un encuentro con corresponsales extranjeros.
Venezuela es el mal ejemplo, el camino equivocado. Los chavistas se esfumaron y en la misma Venezuela prefieren disfrazarse de capitalistas. Fin de mundo, si por un milagro Chávez resucitara se vuelve a morir.
Eso explica la confusión y el desaliento de Maduro que solo se le ha ocurrido, frente al abismo, radicalizarse, a pesar de que un Eulogio del Pino y el mismo Merentes reconocen que la economía marcha hacia el desastre y disienten de Nicolás Maduro que no entiende lo que pasa, o algo peor: no se atreve a cambiar de rumbo.
La polémica interna dentro del gobierno y del PSUV sale a la calle, abiertamente disienten los ministros y los políticos chavistas.

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