viernes, 14 de diciembre de 2012

AL COMPÁS DE LOS DÍAS


   Manuel Felipe Sierra

El Nacional


Este domingo 16 la sociedad democrática afronta un nuevo desafío: mantener o aumentar el número de gobernaciones que hoy enfrentan al proyecto chavista. Si se toman en cuenta los resultados de las últimas consultas electorales y en particular los seis millones y medio de votos obtenidos en la escogencia del 7 octubre, ello es perfectamente posible. Sin embargo, no se trata de un ejercicio puramente aritmético. La fortaleza del oficialismo en las urnas, amén de que una porción significativa de venezolanos suscriben su propuesta ideológica, radica en el ventajismo de Estado que de diversas maneras influye finalmente en la decisión de los votantes.
Un ventajismo que tiene como aliado la conducta de un CNE parcializado y al servicio de los planes oficialistas. Situación que no es nueva, pero que se hizo demasiado ostensible en la reciente contienda, tanto que la dirigencia opositora por primera vez consignó evidencias de numerosas irregularidades, incluida la actuación impropia de la FANB en la “Operación República”. La MUD, días después, exigió ante el órgano electoral la revisión de medidas y la eliminación de dispositivos que además de innecesarios sirven al continuismo. ¿Acaso esas recomendaciones fueron atendidas por el CNE? ¿Quién garantiza que las “triquiñuelas” como las llamó el candidato Capriles Radonski no se repitan en la jornada del domingo?
No obstante ello, más que una razón para el desánimo y el abstencionismo debería operar en el electorado como un estímulo para una participación activa en el entendido de que se trata de votar además contra un cuadro de descarada utilización de los recursos públicos. En la misma línea el voto democrático opera nuevamente en dos direcciones: la escogencia en este caso de gobernadores y consejos legislativos regionales, pero también él implica una toma de posición ante el dilema democracia o autoritarismo.
Si bien es cierto que los resultados favorables al régimen en la consulta de octubre suelen generar un efecto expansivo que podría contaminar la nueva votación, también lo es que en los últimos dos meses es más que evidente el fracaso del régimen. Los problemas nacionales (inseguridad, deterioro de los servicios, inflación, etc.) se han agravado ahora mucho más con la ausencia por razones de salud del presidente Chávez. Una situación que impide la toma de decisiones y que se une a la conocida negligencia e ineficiencia del Gobierno, la cual habrá de persistir dada la complicación de la enfermedad presidencial. Vacío que se acentuará, además, hasta que se despeje la interrogante sobre lo que ocurrirá el 10 de enero, fecha en la cual el país podría entrar en un escenario político impredecible. De esta manera, votar el domingo más que un deber resulta una necesidad democrática.

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