jueves, 27 de febrero de 2014

CARTA A JOSNEIDY

Elizabeth Araujo


Con estupor, pero también con mucha tristeza, te vi el lunes cuando estrellabas el casco de tu uniforme de Guardia del Pueblo contra el rostro de otra chica indefensa, semejante a ti, porque a la joven se le había ocurrido salir a la calle a protestar. No creo que al día siguiente te hayas sentido orgullosa de esa brutalidad represiva, mil veces denunciada por las organizaciones de defensa de los derechos humanos, y que tú sabes muy bien que son delitos de lesa humanidad y que nunca prescriben. El gran problema, Josneidy, es que esa secuencia de imágenes donde viertes tu rabia contra otra venezolana ha dado la vuelta al mundo, ha sido publicada por los medios, en las redes sociales, y has terminado por quedar fichada como partícipe de un crimen, para el cual no te sirve la excusa de que cumplías con tu deber. 

Sabes que al hacer valer de ese modo tu autoridad, cometiste un condenable exceso que hasta hoy lo asociábamos más a policías y militares varones, o paramilitares, esos que justifican su "hombría" infligiéndoles castigos severos a los detenidos, como es el caso del joven violado con la punta de un fusil, y que la fiscal general lo niega sin mostrar las evidencias que prueben que el estudiante miente y que, en su defecto, debería ordenar su aprehensión. 
Como mujer, además, sabes lo que significa golpear el rostro femenino, dejar hematomas en las mejillas, provocar laceraciones en los ojos, partirle los labios a otra, y desfigurarla de tal modo que la víctima termine por odiarse a sí misma, evitando por un tiempo el acto reflejo de mirarse en el espejo, para no regresar a esos minutos infernales. Pasa en las situaciones de la violencia de género, cuando el marido, hermano o novio castiga con tal severidad a una mujer, y que pareciera que el atacante disfrutara, porque la domina, se siente superior y si, le entran ganas, la viola, tantas veces como quiera, ya que responde al atavismo animal que hace siglos el ser humano dejó a un lado en su camino de su evolución. Pero quiso la mala jugada del destino que fueras tu, Josneidy, una venezolana con sueños, angustias y frustraciones, quienempañara esa jornada de protesta y que no merecía semejante respuesta. 
¿Por qué, Josneidy? ¿Para defender la revolución que encarna Maduro? ¿Sabes del lujo en que viven los ministros de este gobierno? ¿Te han contado alguna vez si vieron a un familiar de Diosdado Cabello o de Rafael Ramírez hacer cola para comprar aceite o Harina Pan que llegó al supermercado? ¿Sabes cómo viven las hijas del fallecido Hugo Chávez, con dinero que bien pudiera servir parar reparar los equipos médicos dañados en el Hospital de Niños? En realidad, no albergo ningún sentimiento de rabia hacia ti. 
Ni siquiera contra tus compañeros que proceden con igual saña contra los muchachos. Lo que pasa es que cuando te vi en esa foto vomitar tu ira contra la chica, tuve lástima de ella, e imaginé por segundos cómo le habrá quedado el rostro. Pero también elevé una oración por ti, rogándole a Dios que borre de tu espíritu el odio, si acaso fue el odio el que impulsó tuinfortunada acción. 


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