miércoles, 24 de septiembre de 2014

China Hoy
Jing-Jin-ji: clave para resolver la disparidad


Beatriz de Majo

Se ha repetido en exceso que el país que más pobres ha sacado de la pobreza es China y, sin embargo, la desigualdad continúa siendo atroz, ya que masas numerosísimas de sus ciudadanos se mantienen al margen del crecimiento del gigante. De allí que una bomba social pueda estarse armando para hacer volar por los aires tres décadas de esfuerzos transformadores.
Pero no hay que creer que los líderes están cruzados de brazos. Una política gubernamental está siendo orquestada para evitar que las empresas manufactureras se orienten a buscar bases productivas más baratas en otros países asiáticos. La idea es focalizarlas en las ventajas que puede producirles trabajar en el interior de China con la ayuda estatal.
Como primer paso se está desarrollando una base de infraestructura de comunicación para integrar las zonas alejadas del océano y ya se está diseñando un ágil plan para ofrecer al inversionista mano de obra, capital y tecnología en esas áreas más distantes.
Un primer plan denominado Jing-Jin-Ji va a resolver parcialmente la sobrepoblación de dos inmensas ciudades, Beijing y Tianjing, a través del traspaso a Hebei –una pobre ciudad del interior próximo– capacidades industriales que permitan hacer crecer en bienestar a su población. El nombre del plan proviene de las abreviaturas en mandarín de los tres nombres de las ciudades –Beijing, Tianjing y Hebei– y el programa ha tenido pegada importante en la ciudadanía y en los empresarios gracias a que sus primeros pasos han sido los de construir un nuevo aeropuerto en Hebei y poner a andar el desarrollo de un tren de alta velocidad y amplias autopistas para relacionarla con la capital. Las tres ciudades están siendo integradas para facilitar el flujo de recursos presupuestarios, lo que perjudicaba notablemente a la ciudad más pobre, y las tramitaciones y gestiones igualmente están siendo homologadas para que Hebei goce de las ventajas de las dos más grandes. El resultado será una región norteña en extremo próspera que convertirá la ciudad pobre en un polo industrial dinámico para servir de productos a las dos ciudades ricas, desde las cuales se exportará al mundo.
Planes de reacomodo industrial como este serán replicados en toda China con el propósito de resolver los problemas de ingresos dispares, entre sus polos de desarrollo. Dos proyectos más están en marcha ya. Una nueva “Ruta de la Seda” está siendo instrumentada y ella relacionará nueve provincias –cinco en el noroeste y cuatro en el sureste– y se cubrirá así un tercio de la geografía del gigante. Y de la misma manera, la ciudad de Shanghai será integrada a once provincias aledañas ribereñas del río Jangtzé para sacar a estas del letargo y la exclusión económica e incorporarlas a la vitalidad de la gran urbe.
Desde el año 1978 a esta parte las ciudades de la costa oriental han visto su producto interno crecer 200 veces mientras que inmensos enclaves del interior se han quedado peligrosamente rezagados. En ellos el per cápita de ingreso individual puede ser menos de la mitad que lo que ingresa un chino de las áreas costeras.
La hora ha llegado, pues, de prestar atención a una perniciosa disparidad. No se trata de una suerte de socialismo de tercer milenio lo que se ha puesto sobre el tapete desde Beijing: es puro y simple capitalismo de Estado unido al temor reverencial de una metastásica revuelta social. 

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