sábado, 13 de septiembre de 2014

LULA YA HA GANADO

Juan Arias

Las dos candidatas a las presidenciales brasileñas, Dilma Rousseff y Marina Silva, se disputan el mito del expresidente Lula da Silva. Ambas fueron ministras en sus gobiernos y militaron en el PT, el partido fundado por el exsindicalista. Dilma Rousseff sigue en él aunque llegó después de su fundación. Marina Silva lo dejó después de 26 años.
Las dos mujeres, formadas en la Universidad, economista, Rousseff e historiadora, Silva, se disputan las gracias del que fuera su jefe, un tornero mecánico sin estudios.
Lula escogió en 2010 a Rousseff, ministra de la Casa Civil, como su sucesora. A ella se enfrentó en aquellas elecciones la ambientalista Silva. Ambas se habían batido ya en duelo en el Gobierno Lula. Él dice que las dos son líderes políticas nacidas bajo sus alas. Por eso, aunque enfrentadas en estas elecciones y a pesar de que Lula está ayudando a su escogida, ya ha dicho que no atacará a su adversaria, considerada por algunos un Lula con faldas.
Ambas, Dilma y Marina, se arropan en el mito del que nacieron. La presidenta se presenta a los electores desplegando las conquistas no sólo de su gobierno sino también las de los dos de Lula, como si fueran suyas. Sabe que sin él perdería identidad y votos.
Y Dilma, que entró ya tarde en el partido proveniente de las huestes de Brizola, ¿no podría decir que ella no ha pactado con las prácticas posteriores del partido que, según Lula, deben ser revisadas para volver a su pureza original? ¿Será por ello por lo que un sector del PT le tuerce aún hoy la nariz?Marina usa la bandera del lulismo para indicar que ella tiene mayor legitimidad dentro del PT, en el que participó casi desde niña. Ella sería heredera de aquel partido del que Lula ha confesado que deberá ser refundado porque se ha convertido en un partido más, cuando nació para ser “diferente”. Debería haber sido el partido que traía las esencias de la ética a la política. ¿Se siente Marina heredera del PT de los orígenes?
Lo cierto es que las dos políticas necesitan, curiosamente, del mito de Lula para venderse mejor al electorado. Y lo están haciendo. Marina se escuda en Lula para rebatir a Dilma cuando es atacada por ella. A las acusaciones de querer entregar Brasil a los banqueros, la ecologista le recuerda a Dilma que nunca los bancos ganaron tanto como en los gobiernos de Lula, algo que él mismo afirmó más de una vez. Y ha acusado a su contrincante de usar contra ella el arma del miedo como se había hecho en 2002 con Lula, quien, a su vez, ya ha dicho que no piensa atacar a su exministra de Medio Ambiente. Lula considera que su biografía se parece incluso más a la de Marina que a la de Dilma. Los dos fueron mordidos en su infancia por la pobreza mientras la presidenta disfrutó del confort de una familia bien.
Las dos mujeres se rifan a Lula, su carisma y su fuerza electoral, mientras el extornero ya ha confesado querer volver a echarse al ruedo en 2018. “Tendré entonces 72 años y no permitiré que vuelvan al poder los que nunca hicieron nada por este país en 500 años”, dijo refiriéndose sobre todo a sus eternos adversarios del PSDB.
De algún modo, el ganador es Lula. Las dos mujeres, que de no haber sorpresas se disputarán mano a mano el Planalto, son mujeres suyas, alimentadas en su seno. Gane la que gane habrá triunfado él. Si es Dilma, porque fue su escogida; si es Marina, porque podría haber sido también ella la preferida. Ambas, en efecto, llevan en las venas el ADN del PT.
Lula no es un político de derrotas y es capaz, como él mismo ha destacado, de “metamorfosearse” para caer de pie ante cualquier contratiempo. Se explica así la perplejidad de muchos expertos políticos que no acaban de entender por qué el expresidente no se vuelca en cuerpo y alma en la campaña de su escogida Rousseff, a la vez que tampoco está dispuesto a hacer la guerra contra Marina, que podría llegar a darle un susto a Dilma.
Se explica porque gane quién gane, aunque sea Marina, él no pierde. Cualquiera de ellas permanecerá sólo cuatro años en el poder. Dilma por exigencias de la ley y Marina porque desea cambiarla. Así, ambas le preparan el camino para su posible vuelta.
Si Marina ya ha hecho saber que le gustaría, en caso de ganar, contar con Lula en su gobierno, ¿por qué no pensar que en un hipotético nuevo gobierno Lula, Dilma y Marina podrían volver a ser de nuevo ministras?
Vaya, que la política está necesitada de un poco de suspense de novela.
Nada en la política acaba siendo más inverosímil, inesperado, increíble y hasta absurdo que la realidad de los hechos.

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