martes, 30 de septiembre de 2014

SOBREDOSIS.

Un reto para el nuevo canciller


BEATRIZ DE MAJO

La percepción de que Venezuela se está yendo a pique se ha vuelto global. Ya no es la oposición venezolana la que estira el cuello para que escuchen su grito desesperado sobre el dramático provenir que ve llegar a pasos agigantados para la nación.
Ahora los grandes medios del mundo: The Washington Post y The New York Times, ABC y El País de España, Le Monde y Le Figaro en Francia, The Economist en Inglaterra y multitud de otros formadores de opinión se inquietan ante los dramáticos eventos que vive nuestra colectividad en el terreno de lo económico, la seguridad, la salud y lo social. Ponen el dedo en la llaga para evidenciar nuestros problemas, y se interrogan cómo puede un país petrolero, con nuestro volumen de reservas, haber transitado el camino de la ruina. Articulistas de espectro planetario, como Vargas Llosa y Openheimer, se inquietan por nuestro devenir, y estudios serios de investigación, como los que vienen de agencias de Naciones Unidas, no apuestan medio por el futuro del país. Una calificación paupérrima en manejo económico proviene de entidades financieras influyentes en los mercados de capitales. Se reproducen ad infinitum en medios impresos y digitales los artículos de autoridades como Ricardo Hausmann, Francisco Rodríguez, quienes desde ángulos varios –y no siempre coincidentes– abordan el tema del camino del socialismo de cuño chavista para terminar formulando tesis poco halagadoras sobre el pago de nuestras deudas.
Unas cuantas calificadoras de riesgo han devaluado el puntaje otorgado al país. Y tenemos en los tribunales del Ciadi reclamos por más de 50 millardos de dólares.
Este es, sin embargo, el momento en que Venezuela se alza sobre las puntas para ocupar un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que no deja de ser una excelente oportunidad –a la vez que un mayúsculo reto– para recapturar respeto internacional al expresarse con cordura sobre los grandes eventos y dramas que enfrenta la humanidad, para hacer un aporte constructivo a la paz mundial.
Estemos claros en que nada de lo que Venezuela haga o diga va a ser definitorio en ese foro que es el que delibera sobre la paz del mundo. Pero su presencia entre los miembros no permanentes no deja de ser una ocasión extraordinaria para evidenciar sindéresis, para desvestirse de dogmas que constituyen lastres, para reparar ante los ojos del mundo la desastrosa imagen que nos hemos empeñado en construir poniéndonos siempre del lado del villano de la partida en la esfera internacional. Es probable que el nuevo canciller sea consciente de que en la silla que ocupe el país en el magno foro Venezuela representa y se expresa en nombre de todo el grupo de países latinoamericanos, donde las preferencias ideológicas del régimen que nos gobierna no son compartidas por muchos de nuestros vecinos. Si así lo entienden, si así lo practican nuestros delegados al Consejo de Seguridad, este episodio puede representar el germen de un sano viraje capaz de ganarnos algo de la admiración global que nos hemos empeñado en destruir.

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