martes, 19 de abril de 2016


ESTERTORES PELIGROSOS

Freddy Nuñez
El régimen ha puesto en marcha un conjunto de maniobras destinadas a ofrecer una imagen de fortaleza, de poder y de control, que dista mucho de su verdadera situación. Es una ofensiva cuyo ariete fundamental es la mentira y el cinismo, orientada al imposible propósito de ocultar la realidad. Se han multiplicado las cadenas de Maduro, fastidiosas, vacías, mediocres y donde impera la irracionalidad, la irresponsabilidad y el odio. La fábrica de fantasmales enemigos internos y externos continúa, y nuevamente desempolvan el melodrama del magnicidio. Por Dios! ¡Quién va a querer matar a este hombre, que ya está hecho polvo por la realidad? Todo demócrata en el mundo que tenga la osadía de ver lo que está ocurriendo en el país y haga un comentario, es de inmediato cubierto de insultos, y pasa a formar parte de una conspiración interestelar que se cierne sobre Venezuela. Hay algunas figuras preferidas, Almagro por ejemplo, cuyo pedigrí  revolucionario, dista demasiado de aventureros privilegiados del poder como Carreño o Cabello. Otro, es Rajoy. A este, ha tenido Maduro el desparpajo de decirle que había destruido España. El, que tiene al país pasando hambre y sumergido en una pavorosa crisis de salud, por solo señalar dos tragedias del catálogo que ha creado. Ni hablar de la invasión yankee, que será repelida a barrigonazo limpio. Al circo se agregan  movilizaciones, mítines, todos escasos de gente y llenos de historias deplorables sobre la obligatoriedad de la asistencia y el uso de recursos públicos para financiarlas. Una tenía como propósito enfrentar la ley que otorga la propiedad a quien tenga un apartamento de la misión vivienda, y cabe preguntarse, ¿habrá de verdad algún bolsa que no quiera ser dueño del apartamento que habita? Otra, para enfrentar la ley de amnistía, otra contra la AN, la derecha, el golpismo y afines, y pare de contar. En fin, la idea es intentar mantener al país distraído,  ocupado de cuanta bolsería se les ocurra a ellos, en el vano intento de tratar de ocultar la tragedia que significa vivir cada día en Venezuela. Este gobierno no trabaja, emplea el tiempo en inventar trapos rojos, en luchar desesperadamente para mantenerse en el poder, cuentan para ello con la obsecuencia del tsj, el cne y otros poderes, cuyos intereses crematísticos parecieran mantenerlos obnubilados impidiéndoles ver la cruda realidad, esa que grita que esta farsa monumental llamada socialismo del siglo XXI, se acabó. Cada decisión que toman para beneficiar al régimen, los enfrenta  más al  80% de los venezolanos que apoyamos las decisiones de la Asamblea Nacional, y que estamos decididos a cambiar el gobierno por métodos democráticos y electorales. El último monigote que sacaron, la tal  “comisión de la verdad”, no es más que una nueva patraña, otra triquiñuela sacada de su inagotable arsenal de indignidades. Sobre ella, me parece lapidaria la definición que dio Monseñor Ovidio Pérez Morales, pues lo resume todo: “La iglesia en Venezuela no rehúye una comisión de la verdad, que sea de verdad de la verdad, y no de la verdad del régimen”. Punto redondo. El gobierno no está en capacidad de solucionar ni un solo problema, y para aferrarse al poder estimula la violencia, viola la constitución y quiere convertir a la fuerza armada en unos tontón macute cómplices. Quiere impedir el referendo revocatorio, le aterra una consulta al pueblo. Por eso lanza a la calle a sus camisas rojas, llenos de odio, como hacían los nazis y los fascistas con sus camisas pardas y negras. Tiene demasiado fresco el repudio del país expresado en la obtención de los 2/3 de la AN, por parte de los partidarios de la democracia. Pero ese repudio no para de crecer. Presenciamos los últimos y peligrosos estertores de un régimen fracasado. La MUD, los partidos que la integran y la sociedad venezolana toda, que merece un país mejor, debe expresarse con fuerza, en la calle, para impedir que cenáculos de bandoleros instalados en instituciones que son del estado, impidan su voluntad de darse un nuevo gobierno que se ocupe de solucionar con eficiencia y rapidez, los problemas fundamentales que padecemos todos.
Dentro del gobierno y en organizaciones cercanas a él, hay gente sensata que no está de acuerdo en desconocer la voluntad popular, tampoco en estimular la violencia para generar un conflicto donde el gran perdedor sería el país. En este sentido la Fuerza Armada tiene la responsabilidad de acatar cabalmente,  el mandato expreso que le da la Constitución nacional. Nada más se le exige, nada menos se espera de ella.
Freddy Núñez                                                                                                                    

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