miércoles, 6 de abril de 2016

¡Páguese!

IGNACIO CAMACHO

· La actitud implorante de Pedro Sánchez hacia Podemos revela el desolador vacío ético de esta presunta socialdemocracia.
No era asesoría sino adoctrinamiento. No eran honorarios sino financiación. No iban a enseñar sino a aprender. Qué clase de pensamiento mágico es el que puede creer que un régimen consolidado como el de Venezuela iba a contratar de asesores a un puñado de veinteañeros imberbes recién egresados de la Complutense.
Que Chávez, el hombre que sufragaba a la izquierda de media Latinoamérica, que quería inspirar una revolución a escala continental, no tenía mejores consejeros que unos becarios iluminados por el descubrimiento de Gramsci y de Laclau. Que los expertos servicios secretos cubanos, directores estratégicos de la expansión bolivariana, tenían alguna lección que recibir de un puñado de voluntariosos meritorios de la teoría posmarxista. Menudo relato para almas de cántaro.
El proceso fundacional de Podemos es la historia lineal de una franquicia política incubada en un laboratorio ideológico. Un proyecto de inspiración castrista cuya plataforma inicial recibió del chavismo cobertura, financiación y cohesión estructural, aunque luego se adaptase según su propio impulso ante el insólito éxito que la televisión le proporcionó como producto de espectáculo masivo. Pero el ADN del nuevo partido lleva el código genético de sus dos impulsores financieros: los regímenes autoritarios de Venezuela y de Irán, lo mejorcito de la factoría antioccidental y anticapitalista.
La trayectoria desde esa probeta liminar hasta el actual movimiento de populismo rupturista está punteada por una impronta biográfica y doctrinal imborrable de las videotecas y por un rastro documental de dinero que acaba –¡¡páguese!!– en la firma del mismísimo Chávez. Y pese a que el rotundo fracaso venezolano constituye ahora un incómodo referente para las aspiraciones de poder de una organización que ha crecido bajo su propia dinámica, esa suerte de pecado original le impide desmarcarse de sus impresentables patrocinadores y le impone un humillante servilismo ante el caos de miseria económica, presos de conciencia y colapso social. El partido que da en España facundas lecciones de ética regeneracionista ancla sus raíces en un corrupto pantano caribeño.
Ese linaje vergonzante no va a impedir ni frenar la adhesión incondicional de unos simpatizantes que lo respaldan a despecho de las evidencias porque, despreciando su reciente lenguaje de ambigüedad, lo identifican sin tapujos como instrumento de una ruptura revanchista. Pero algo debería significar el patrocinio bolivariano para un Partido Socialista cuyo principal referente histórico y moral ejerce de letrado defensor de las víctimas del chavismo. La actitud implorante de Pedro Sánchez hacia Podemos revela el desolador vacío ético y la orfandad de principios de esta presunta socialdemocracia, tan desorientada de compromisos y valores que está dispuesta a alquilar el poder a los enemigos de la sociedad abierta.

ABC – 06/04/16 – IGNACIO CAMACHO

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