martes, 5 de abril de 2016

¿No más democracias?


Cabía esperar que se establecieran bastantes nuevas democracias en los últimos 10 años, de acuerdo con el postulado de que las dictaduras son más vulnerables que las democracias a las crisis económicas. La predicción hipotética, sin embargo, no se ha confirmado. Algunos observadores, como Freedom House o el Journal of Democracy, apuntan a una “reversión” de la tendencia hacia más libertad en el mundo que empezó en la década de 1970. La decepción de la primavera árabe ha hecho impacto. Entre los otros casos importantes pendientes de democratización continúan estando Rusia y China.
Pero lo cierto es que la vulnerabilidad de estos y otros regímenes no democráticos a las crisis económicas aún no se ha podido comprobar. Hasta ahora, la Gran Recesión ha afectado sobre todo a países democráticos, particularmente en Europa. Y el postulado complementario de que las democracias maduras son resistentes a las crisis económicas se ha confirmado plenamente. Han aumentado las quejas por la pérdida de soberanía estatal y la impotencia gubernamental. Como era previsible, aunque la mayoría de los Gobiernos democráticos han perdido elecciones, los sistemas democráticos se han mantenido en pie.
Cabe desarrollar una perspectiva más optimista si aceptamos una clasificación tricotómica de los tipos de régimen político que incluye una categoría intermedia entre la democracia y la autocracia, a la que se suele llamar anocracia, régimen híbrido o parcialmente libre en la literatura académica. Estos regímenes celebran elecciones regulares, pero con sufragio limitado, restricciones a los derechos civiles o políticos o escasa responsabilidad del Gobierno.
Ha habido anocracias no solo durante las últimas décadas, como sospechan algunos académicos con poca visión histórica, sino que fueron abundantes durante los siglos XIX y XX. Este fue el tipo de arreglo institucional que adoptaron una serie de monarquías constitucionales en Europa, como Reino Unido a mediados del siglo XIX o Alemania, España y Suecia en torno al cambio de siglo, así como algunas repúblicas presidenciales en América Latina, como Chile y Colombia antes de la década de 1960 o México en las décadas de 1980 y 1990. Las anocracias no siempre configuran una situación transitoria, sino que son la forma de regímenes relativamente duraderos.
Casi tres cuartas partes de los países del mundo han tenido regímenes anocráticos o intermedios, los cuales han durado alrededor de dos generaciones como media. La mayoría de los regímenes anocráticos se han establecido como resultado de la liberalización de autocracias o de la dominación colonial, lo cual ha implicado un aumento relativo del grado de libertad en el mundo.
Además, como lo ilustran los casos mencionados, la mayoría de los países con un régimen anocrático duradero se han acabado transformando en democracias. De hecho, los intentos de democratización han sido aproximadamente igual de exitosos cuando se han intentado a partir de autocracias que cuando se han establecido a partir de regímenes anocráticos. Casi la mitad de las actuales democracias en el mundo se establecieron no mediante transiciones cortas y directas, como en España, sino mediante procesos relativamente largos de evolución, apertura y reformas de ese tipo de régimen intermedio, comparables con el que se siguió, por ejemplo, en México.
En la actualidad hay unas 50 anocracias en el mundo, entre ellas Armenia, Marruecos, Jordania, Egipto, Turquía, Camboya, Pakistán, Tailandia, Malasia y, según algunas evaluaciones, también Rusia, así como otros países de África y Asia. Los regímenes anocráticos existentes han durado, hasta el momento, cerca de 20 años como media, lo cual es menos que los del pasado. Esto puede sugerir que todavía pueden durar un poco, pero también que podrían experimentar otros procesos de apertura a la democracia en futuros no muy lejanos (tal vez una generación más), al igual que muchos de sus predecesores. Si se confirman las malas perspectivas para la economía mundial (incluyendo a Rusia y China), las guerras civiles en el Oriente Medio se acaban por agotamiento y, como consecuencia, los regímenes no democráticos dejan de ser capaces de proveer seguridad o prosperidad a sus súbditos, los espacios de libertad política en el mundo deberían acabar ampliándose.

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