martes, 25 de octubre de 2016

D-I-C-T-A-D-U-R-A
Bernard Horande - @BHorande

En los tiempos modernos, la multiplicidad de sistemas de gobierno hacen dificultosa su correcta y precisa definición. Existe una enorme variedad de formas de gobernar una nación.
Ocurre igual con las ideologías: unas y otras se van cruzando y solapando, hasta el punto que, determinar si una tendencia política sigue tal o cual ideología no es tarea sencilla.
Vemos países que en lo formal se definen como de gobierno socialista, pero que en la práctica son claros capitalismos. Lo mismo al revés. Cada quien al final se hace su propia opinión.
La política tiene su ritmo y sus tiempos. Atrasarse o adelantarse a ellos puede provocar la comisión de errores fatales por etiquetar equivocadamente una forma de gobierno.
Uno percibe que en Venezuela la democracia como tal tiene tiempo que no se aplica. El régimen gobernante, tanto con Chávez como con Maduro, ha venido durante años violentando las estructuras democráticas contempladas en la Constitución Bolivariana de la República de Venezuela.
El espíritu autoritario y las formas totalitarias se han hecho presentes en el país. Pero... ¿hubiéramos podido bautizar hace tiempo esto como una dictadura?
Uno de los puntos esenciales de la democracia es la división de los Poderes y el respeto entre ellos en cuanto a sus decisiones. En Venezuela, esto desapareció. Antes del 6D 2015, todos, absolutamente todos los Poderes estaban concentrados en manos de la dirigencia chavista.
En quizá el último acto de atisbo democrático, el régimen aceptó la realización de las elecciones parlamentarias del 6D y así mismo aceptó los resultados adversos oficializados por el Consejo Nacional Electoral.
Sin embargo, a partir de allí, ha venido violando una y otra vez el fuero parlamentario y las decisiones emanadas de esa instancia.
Son innumerables las sentencias provenientes del Tribunal Supremo de Justicia anulando actos y decisiones de la Asamblea Nacional, por órdenes de la nomenclatura gubernamental.
Una característica de una democracia como lo es el respeto a las garantías constitucionales también se disipó en Venezuela. El régimen chavista abusa de la Constitución y las Leyes, desacatando continuamente su articulado, por lo que los ciudadanos hemos quedado totalmente desprotegidos.
No existe Estado de Derecho. La represión y la violación de los Derechos Humanos y la creciente ola de detenciones por motivos políticos es de dominio público.
La libertad de expresión ha sido totalmente cercenada. Puedes decir lo que quieras, pero si no es del agrado oficialista, pagarás por ello.
Se ha instalado una hegemonía comunicacional oficialista mientras que los demás medios supuestamente privados o independientes están sujetos al control o censura del régimen.
Ejemplo reciente es la sesión histórica de la Asamblea Nacional de este domingo 23 de Octubre 2016, la cual fue ignorada por los canales de TV. Un solo canal en Venezuela la difundió, tímidamente y con permanentes cortes.
Las elecciones en Venezuela ahora se hacen cuando el régimen decide, no cuando la Constitución y las Leyes lo indican. El miedo a medirse es absoluto y total.
Los pasos que Maduro decidió dar el 20 de Octubre pasado, anulando arbitrariamente y por enrevesadas manipulaciones la celebración del Referéndum Revocatorio al Presidente - cuyos pasos fueron cumplidos a pesar de todos los obstáculos que fueron colocados - sitúa al país en absoluta incertidumbre.
En mi artículo de la semana pasada, titulado "Ideas Locas", asomaba precisamente estas posibilidades.
¿Se puede afirmar que con estas medidas Maduro y su combo cruzaron la línea roja para declararse en abierta dictadura?
En mi opinión sí. Hoy cumplen todos los extremos para ser calificados como dictadores.
Todas sus actuaciones van siendo típicas de los dictadores. Tanto aquellas de fondo como las de forma.
Entre estas últimas, el asalto a la Asamblea Nacional por parte de colectivos, bandas armadas y malvivientes que el régimen madurista envió para invadir y agredir a los parlamentarios de oposición habla de un clan de delincuentes desesperados por mantenerse en el poder.
Es D-I-C-T-A-D-U-R-A con todas sus letras.
La estrategia de los demócratas en lo sucesivo debe ser acorde con la caracterización que del adversario se hace.
En esto debe estar clara la dirigencia opositora. También debe estar clara la Fuerza Armada Nacional.
Pero también debemos estar claros todos los venezolanos que aún habitamos en este país: a nosotros nos tocará la mayor responsabilidad de hacer y respaldar lo necesario para restituir el hilo democrático.
Vienen semanas duras.

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