lunes, 24 de octubre de 2016

LA VICTORIA DEL AUTORITARISMO

JUAN MANUEL TRAK

POLÍTIKA UCAB

A estas alturas, decir que la Constitución ha sido violada hasta sus últimas consecuencias es llover sobre mojado. Decir que el gobierno del presidente Maduro, con la anuencia del Tribunal Supremo de Justicia, el CNE y el Poder Moral, se ha convertido en un régimen autoritario es caer en una redundancia. No hay análisis político o jurídico que pueda controvertir estos hechos, no importa que haya habido elecciones mínimamente competitivas, que la oposición tenga control de la Asamblea Nacional o de algunas gobernaciones y alcaldías. Lo cierto es que las elecciones no sirven de nada si los ganadores, cuando son adversarios del partido del gobierno, no pueden ejercer el poder que supone les concede la Constitución y las leyes.

TO GO WITH AFP STORY BY GERARDO GUARACHE People queue up outside a supermarket in Valencia, 180 km west of Caracas on August 11, 2015. AFP PHOTO / FEDERICO PARRA
No es democracia si hay persecución sistemática líderes y activistas de oposición, sindicalistas, defensores de derechos civiles y humanos; o si el periodismo crítico trae consecuencias sobre quienes ejercen dicha función, o los dueños de los medios donde se publican sus trabajos. En los últimos meses hemos observado cómo el autoritarismo se impone de manera cada vez más contundente sobre todas las dimensiones de la vida social. No hay, en definitiva, espacio donde el poder del Estado-partido no quiera sumisión total ante sus designios. En este escenario, la sociedad venezolana es simplemente un objeto de vejación por parte de quienes ostentan el poder.
Y al final día, todos nos preguntamos qué vamos hacer. La crisis económica, que parece una amenaza a la estabilidad del gobierno, es usada por este para evitar cualquier tipo de resquicio democrático que pueda reducir su poder. Las elecciones de gobernadores no han sido convocadas, el referéndum revocatorio es conducido con la menor celeridad posible, y el presidente se aprueba a sí mismo el presupuesto sin control de los representantes electos por los ciudadanos.

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En medio de la pesadilla que cada venezolano sufre (por falta de medicinas o alimentos, por repuestos, por seguridad, por emigración, por pobreza, cada quien la suya) quienes están en el poder aseguran su permanencia un día a la vez. Mientras que en la oposición parece paralizada en su propio discurso, bien sea por que en su diversidad compiten pequeñas agendas que dominan las decisiones estratégicas, imposibilidad de saber cómo actuar ante un gobierno de esta naturaleza, o simplemente miedo a la represión que también se ha llevado a varios dirigentes a la prisión.
Así, la desesperación crece, la sensación de asfixia es cada vez mayor y con ello la sensación de impotencia. La gente, que no es tonta, sabe que la salida a esta situación no es jurídica, pero tampoco violenta; solo dentro de los límites de un movimiento socio-político será posible que se desafíe de modo eficaz al poder. Un movimiento que reconozca la diversidad de cada sector, actor y persona; que busque objetivos y tácticas comunes pero sin exigir homogeneidad de pensamiento será capaz de desafiar el poder. Pero esto se escribe rápido, hacerlo es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros, desde nuestras comunidades, lugares de trabajo y grupos a los que pertenecemos. De otra manera, como parece que ha ocurrido, la dictadura ya ganó, a pesar de que 8 de cada 10 venezolanos rechacen el gobierno de Maduro.

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