sábado, 22 de octubre de 2016

Dos venezolanos

Eduardo Fernandez

En un país como Venezuela, sumergido en una crisis tan prolongada y tan profunda, resulta una noticia refrescante que un compatriota como Baltazar Porras sea reconocido por la Santa Sede y consagrado como Príncipe de la Iglesia


Baltazar Porras y Arturo Sosa Abascal. Dos venezolanos que nos llenan de alegría y de esperanza. monseñor Porras fue elevado a la dignidad cardenalicia. Arturo Sosa fue elegido superior general de la Compañía de Jesús.

En un país como Venezuela, sumergido en una crisis tan prolongada y tan profunda, resulta una noticia refrescante que un compatriota como Baltazar Porras sea reconocido por la Santa Sede y consagrado como Príncipe de la Iglesia. monseñor Porras ha sido un formidable pastor, arzobispo de Mérida y presidente por varios años de la Conferencia Episcopal.

Nosotros, los católicos venezolanos, tenemos muchos motivos de alegría. Estoy seguro de que esta alegría es compartida por todos los compatriotas de buena voluntad, independientemente de su confesión religiosa. Monseñor Porras es un distinguido intelectual de nuestro país, un hombre de letras y de pensamientos, pero, por encima de todo, es un servidor de la Iglesia, un divulgador del evangelio, un predicador de la paz.

Es también un hombre de patria. Su condición de sacerdote y de obispo no lo ha alejado de sus responsabilidades como ciudadano y como venezolano. Monseñor Porras ha luchado siempre por unos valores y unos principios que ojalá prevalecieran en la hora actual de nuestra patria.

Ha luchado siempre porque en Venezuela haya más y mejor democracia, respeto al Estado de Derecho y respeto a los derechos humanos. También Arturo Sosa, sacerdote jesuita, ha sido un luchador abnegado por los valores de la Iglesia Católica y de la Compañía de Jesús y por la edificación de una patria más democrática en la que prevalezca la justicia social.

Los venezolanos tenemos que alegrarnos con el reconocimiento que se hace a esos dos compatriotas. No se trata de evaluar el éxito de ellos en su magisterio espiritual y religioso desde una mezquina perspectiva política. Se trata de alegrarnos por el ejemplo que nos dan de perseverancia en la lucha por ideales elevados. De compromiso con el prójimo. De amor por la Iglesia, por la patria y por los hermanos en la fe y en la sangre.

Monseñor Porras y el padre Arturo Sosa son un ejemplo para los venezolanos de este tiempo. Ejemplo de estudio, de trabajo, de perseverancia, de elevación intelectual y espiritual, de solidaridad con los que sufren y de consecuencia con sus principios.

Al prepósito general de la Compañía de Jesús lo llaman el “papa negro”. Hoy, tanto el Papa como el “papa negro” son latinoamericanos: uno argentino y el otro venezolano. Ambos jesuitas. Alabado sea Dios, celebremos con alegría las buenas noticias que nos vienen de la Iglesia.

Eduardo Fernández
@EFernandezVE

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