viernes, 5 de septiembre de 2014

CONSTRUYENDO LA ALTERNATIVA

Pedro Pablo Fernandez

El modelo económico que el Gobierno pretendió imponer ha provocado una crisis económica sin precedente en nuestra historia reciente. Ningún venezolano vivo ha conocido una crisis como la que vamos a vivir.
Buscando convertir al Estado en un ente todopoderoso controlador y regulador de la economía han destruido el aparato productivo del país y ahora producimos menos cabilla, menos cemento, menos harina, menos aceite, menos leche, menos todo.
Las consecuencias que esta crisis tiene sobre las familias venezolanas nos obliga a abordar este tema con seriedad.
La situación exige una inmediata rectificación. El Gobierno sabe lo que tiene que hacer, Lula, Correa y sus asesores franceses se lo han dicho, pero no lo hace por el alto costo político. Las medidas que se tienen que tomar no admiten demora, no pueden esperar un cambio de gobierno. Cada día la crisis se agrava y las medidas que este gobierno no tome hoy las tendrá que tomar el próximo a un costo mucho más elevado.
Frente a la crisis la oposición tiene el deber de dar el salto cualitativo de oposición a alternativa y para eso se tiene que hacer algo más que oposición. Frente a los problemas se tiene que actuar con la seriedad de quien sabe que mañana le va a tocar la responsabilidad de conducir al país.

Una de las cosas que más ha contribuido con la destrucción del aparato productivo es la existencia de un dólar a 6,30 y a 11. Si a un fabricante de zapatos, que tiene que lidiar con sindicatos, con la ley del trabajo, las amenazas del Gobierno y el Seniat, le ofrecen dólares a 6,30 para importar zapatos de China, cierra la empresa, despide a sus trabajadores y se dedica a importar. 
Pocos días después de implementarse el Sicad 2 a Henrique Capriles le preguntaron: qué hubiera hecho él diferente a Maduro y contestó: “Yo no hubiera devaluado”. La primera medida que él tenía que tomar si hubiera sido presidente era devaluar. El dólar mantenido artificialmente barato es el primer responsable de la destrucción del aparato productivo y del empleo. Si el Gobierno devalúa nosotros no podemos simplemente gritar: “Paquetazo Rojo”. El tema no es la devaluación, el tema es que el Gobierno ha querido imponer un modelo que ha destruido el aparato productivo y no tenemos suficientes divisas a pesar de que Venezuela es el país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y nos pagan a 100 dólares el barril.

Frente al anuncio del aumento de la gasolina la respuesta no puede ser: “Paquetazo Rojo”. El subsidio de la gasolina es tremendamente perjudicial para los 30 millones de venezolanos, especialmente para los más pobres, y no hay quien pueda argumentar seriamente lo contrario. El tema no es si se ajusta o no el precio. El tema es qué va a hacer el Gobierno con los recursos que reciba, que van a hacer para compensar a los sectores de bajos recursos que se gastan la mitad de su salario en transporte público porque el modelo ha destruido el salario de los trabajadores.

Frente al fracaso del modelo, el país necesita una alternativa y para convertirnos en alternativa tenemos que diferenciarnos.
En la última campaña electoral nuestro candidato ofreció legalizar las misiones, dijo que él también era socialista y luego que era de centroizquierda. No es compitiendo para ver “quién se parece más” como vamos a construir una mayoría que nos permita cambiar al Gobierno. Es ofreciendo un modelo distinto y superior.
El modelo fracasa porque es un modelo excluyente que pone al Gobierno a confrontar con todos, que pretende convertir al Estado en un ente todopoderoso del cual dependamos los venezolanos. Un modelo que no busca la liberación del hombre sino que lo vuelve dependiente de las dádivas de un Estado sobreprotector. 
No es compitiendo en demagogia como vamos a construir una alternativa sino proponiéndole al país un modelo superior, un modelo de inclusión que convoque a los 30 millones de venezolanos a empujar al país en la misma dirección. Un modelo que ponga al sector público y al sector privado a trabajar mancomunadamente, que desarrolle políticas públicas que estimulen inversiones que generen oportunidades de empleo. Un gobierno que en lugar de regalar gasolina mejora el ingreso de las familias controlando la inflación y desarrollando la economía. Un gobierno que luche por la superación de la pobreza a través de una política económica que brinde oportunidades de empleo a las familias de bajos recursos, al mismo tiempo que desarrolla una política social dirigida a capacitar a las personas para que puedan desempeñarse con éxito en estos empleos. 
Un modelo que promueve la dignidad de los seres humanos y que en momentos de necesidad provee comida y casa a las familias que no tienen como conseguirlas pero que el énfasis lo pone en dotar a la gente de las herramientas para que puedan superarse con su propio esfuerzo y salgan de la dependencia.

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