domingo, 3 de abril de 2016

PRISA


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                      FERNANDO RODRIGUEZ


EL NACIONAL

A mí me parece que el trabalenguas histórico que vivimos se puede resumir así: la oposición ha sido cercada por fuerzas arteras y no puede dar un paso que no sea atropellado por magistrados espurios y generales de mucho mando que, cada uno en su trinchera, dirigen huestes que ladran. Al gobierno, a pesar de su intrínseca perversidad, tampoco le conviene andar atracando a cada rato pasantes en la vía pública y a pleno sol porque todo tiene un límite, como suele decir Fujimori padre. Lo cual, conjugado, produce una especie de estancamiento total, algo así como un plano fílmico inmóvil y sin banda sonora. Mientras tanto, la gente hace colas y colas, es asesinada (según Moisés Naím, la tasa promedio mundial de asesinatos es de 6,24 por 100.000 habitantes; la nuestra, de 90, según el OVV), se muere de mengua en los hospitales, maldice los apagones (¡coño, otra vez!) y espera el gran apagón y ya se le evaporó el salario. Una suerte de viernes santo colectivo y permanente, para usar una metáfora del tiempo reciente.
Tal situación no debería durar, al menos por aquella conseja de que no hay cuerpo que lo resista. Siguiendo con la semana mayor, un domingo de resurrección tiene que haber y pronto. Hasta aquí lo que todos creemos saber, matices más o menos. De resto cada quien es libre de hacer  hipótesis, presagios, apuestas, conjeturas, profecías y otras indagaciones dubitativas en el futuro, porque al menos el que escribe, que no debe ser el más informado pero tampoco el que menos, no ha oído nada demasiado categórico y creíble sobre lo que va a pasar esta semana que viene, mucho menos en la siguiente.
Semejantes calmas suelen inducir a creer que en un momento inesperado va a surgir una implosión de envergadura, una tormenta. Y, por consiguiente, que en las sombras, detrás del vasto punto ciego, están sucediendo acontecimientos complejos y decisorios. Lo cual puede ser paranoia, pero no es para menos la indecencia de esa pantalla inmóvil que nos ha cortado la película nacional. Y como la imaginación es libre, y hasta loca, pueden ir desde Maduro renunciado y camino de La Habana para nunca más volver a un complot militar para empoderarse sin caretas por unos cuantos largos años o un arreglo para un diálogo constructivo como piden Francisco y otros injerencistas. También se debería considerar que realmente no pasa nada, que el juego se trancó y los competidores se pusieron a jugar en otra cancha, por ejemplo, la de la elección de gobernadores. O, un poco a lo García Márquez, que  un gran sueño se apoderó de nuestros guerreros políticos o se perdieron en una selva laberíntica de la cual tardarán años en encontrar cómo salir.
En realidad, nada de esto resultaría tan terrible, ni siquiera los gorilas trepándose por las paredes de Miraflores y La Casona, donde ya andan escondidos, si no fuera por la madre y su carajito (no tenía con quién dejarlo) calculando cuántas horas de cola tardará para llegar a los pañales y si todavía quedarán pañales cuando llegue. O tendrán ustedes que buscar la medicina porque aquí no hay, ¿y dónde doctor?, la verdad es que no sé, por Dios, no sé. O la plata que no da sino para la rabia o la desesperación. Y la morgue como santuario de la patria. Por ahí se pueden sumar muchos más dolores, malditos dolores que no cesan, que  devoran  cuerpos y  mentes.
Algo va a suceder en este poblado de incalculables consecuencias si no reparan de inmediato el proyector y reponemos la película. Le toca a la oposición jugar y apostar fuerte, al fin y al cabo el gobierno gana mientras es poder. En este momento vale más la jugada riesgosa que la inacción que prolongue la agonía nacional. No es voluntarismo, es la realidad que reta a la voluntad. No es apresuramiento porque ya es tarde en todos los relojes. No es por la gloria patria porque ya fue prostituida y saqueada, sino porque empecemos el aprendizaje de la decencia y el civismo. No es por nada que no sean los elementales derechos de la vida.

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