martes, 4 de octubre de 2016

LA GENEROSIDAD DE RUPERTI

CARLOS TABLANTE

Cuando Nicolás Maduro asumió la presidencia dijo en su discurso que la corrupción se estaba tragando a la Patria y luego pidió poderes especiales para enfrentarla. Se trataba de una mentira más.

En tres años no se ha hecho nada efectivo para combatir el complejo problema de la corrupción en Venezuela. Por el contrario, son muchas las evidencias que demuestran cómo desde Miraflores se ha impuesto un sindicato del crimen que ofrece respaldo y complicidad a los corruptos. Sobran ejemplos.

Destaca ahora el caso de Wilmer Ruperti, un conocido contratista del régimen al que Pdvsa supuestamente adeuda 700 millones de dólares por transporte de combustible, facturas cuyo pago no concretó la administración de Rafael Ramírez, seguramente en el marco de disputas por el reparto de la renta petrolera, la cual manejaban como si fuera propia.

 Su nombre saltó a la opinión pública en 2002 y es frecuentemente citado como ejemplo de quienes se enriquecieron con operaciones opacas durante el paro petrolero. A través de Interpetrol y Trafigura de Venezuela - registrada por Ruperti, no por casualidad con un nombre similar a la transnacional holandesa Trafigura  - se habrían realizado importaciones de gasolina con presuntas irregularidades en cuanto a cantidad, calidad y precio.

 En su momento se comentaron,  entre otras anomalías, supuestos pagos dobles a Ruperti de embarques que habrían sido autorizados por el entonces director de finanzas internacionales de PDVSA, Eudomario Carruyo.

 Las noticias en torno a los dudosos negocios petroleros de Ruperti continuaron. En 2012, la justicia británica condenó a Ruperti a pagar mas de 59 millones de dólares en un juicio que perdió frente a la naviera rusa Novoship, caso en el que también salió perjudicada Pdvsa y por lo tanto, Venezuela.  

Según el documento oficial del tribunal británico, los hechos se produjeron de la siguiente manera: Durante el paro petrolero, Novoship le fletó buques a las empresas de Ruperti, que a su vez se las alquiló a Pdvsa, por supuesto a un precio mayor, quedándose con la millonaria diferencia.  Ruperti, en complicidad con empleados corruptos de la empresa rusa, utilizó compañías de maletín para engañar a Novoship que creía que estaba negociando directamente con PDVSA.  La principal empresa utilizada fue la panameña denominada PDVSA Marketing Internacional Trading registrada apenas con un capital de 10.000 dólares. Tanto Ruperti como sus cómplices dentro de Novoship sabían que se trataba de una empresa fantasma bajo el control de Ruperti, pero dicha información no llegó oportunamente a los órganos superiores de Novoship a los que les pareció suficiente que la compañía tuviera la palabra PDVSA incorporada en su nombre. Los rusos creían que estaban haciendo negocios directamente con la - por entonces-  prestigiosa petrolera estatal venezolana. 

Se trata del mismo modus operandi utilizado en decenas de operaciones ilegales en fraudes con bonos de la República (caso Gonzalo Tirado y otros ) y con la importación de alimentos (caso Naman Wakil y otros), por medio del cual se clonaron instituciones públicas como CASA, registrando nombres similares - generalmente a través de bufetes en Panamá - para defraudar miles de millones de dólares al Estado venezolano, como explicamos ampliamente en los libros Estado Delincuente y El Gran Saqueo.
 
Durante el juicio en Londres, quedaron en evidencia los millonarios sobornos pagados por Ruperti a sus cómplices en Novoship. La naviera ya lo había demandado en EEUU en 2007 por lo que al contratista de Pdvsa le congelaron 17 millones de dólares en una cuenta. Se desconoce el monto total de lo defraudado a la nación por las turbias negociaciones de Ruperti y sus cómplices en Novoship - también demandados - y en la directiva de Pdvsa.  

A pesar de este oscuro historial, sorprendentemente, el actual presidente de la petrolera, Eulogio Del Pino,  le acaba de otorgar a una empresa de Ruperti un contrato por 138 millones de dólares para remover dos montañas de coque. 

Esta semana Ruperti reconoció lo que dijimos en mayo pasado: Que él asumió los costosos honorarios de los bufetes que defienden a los sobrinos de Cilia Flores acusados de narcotráfico en EEUU. 

En un comunicado justificó la "ayuda" como un acto "patriótico y desinteresado" por Venezuela. Como el que realizó cuando le regaló a Hugo Chávez dos pistolas que pertenecieron a Simón Bolívar, las cuales compró en una subasta en EEUU por 1,6 millones de dólares. Ruperti escoge bien a dónde van sus "donativos". 

Hay sobradas razones para poner en duda la desinteresada generosidad de Ruperti, tanto ayer con Chávez, como hoy con Maduro y los sobrinos de la “primera combatiente”.

Qué relación tiene el pago de esos abogados con el interés de que Pdvsa le reconozca lo que supuestamente le debe y le siga otorgando millonarios contratos? Cuál es el origen del dinero con el que el filántropo Ruperti cancela las facturas de los abogados de los sobrinos de Cilia Flores?  No proviene acaso también del Estado venezolano? 


Por su parte, la pareja presidencial y el presidente de Pdvsa Eulogio Del Pino estarían bordeando peligrosamente el abismo de varios delitos. Como mínimo: tráfico de influencias, aprovechamiento ilícito, información privilegiada y conflicto de intereses, todos delitos relacionados con la administración discrecional y arbitraria del patrimonio público en la contratación de proveedores como Ruperti.   El Ministerio Público y la Asamblea Nacional deberían abrir una investigación de estos gravísimos hechos.

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