viernes, 14 de octubre de 2016

Nobel de la Paz

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      EDUARDO FERNANDEZ


La opinión nacional y la opinión internacional están pendientes de que, después de tantos años de conflicto, pueda prevalecer la paz en el país hermano

Tres acontecimientos importantes acaban de ocurrir en Colombia. La firma del acuerdo de paz en la ciudad de Cartagena, el referéndum en que triunfó el “no” y el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz al presidente Juan Manuel Santos.

El evangelio lo dice con toda claridad, “Bienaventurados los que trabajan por la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios”. (Mt. 5,9).

Más de 50 años de guerra en Colombia reclaman un esfuerzo a favor de la paz. En ese esfuerzo trabajaron todos los presidentes colombianos anteriores a Santos: Pastrana, Gaviria, Uribe, Betancourt y Samper. Todos hicieron esfuerzos en mayor o menor medida para superar el conflicto armado. Santos tiene el mérito de haberlo intentado con mayor intensidad y, seguramente, el trabajo de sus predecesores contribuyó a que se pudiera avanzar más decididamente en sus años de gobierno.

La firma de los acuerdos de paz en Cartagena de Indias congregó a una impresionante demostración de la solidaridad internacional; allí estuvieron, además de un numeroso grupo de jefes de Estado, el Secretario General de las Naciones Unidas y los secretarios de Estado de Estados Unidos y de la Santa Sede.

La opinión nacional y la opinión internacional están pendientes de que, después de tantos años de conflicto, pueda prevalecer la paz en el país hermano.

Tuvo que haber sido un golpe para los que negociaron la paz el resultado negativo del referéndum. No puede ser consuelo que la votación a favor del “no” superó al “sí” por una mínima diferencia. Tampoco puede serlo que la mayoría de los electores se abstuvo de votar.

Es interesante que esa adversidad puede convertirse en una gran oportunidad. Tal como lo dijo el presidente Santos al reconocer prontamente y con gran talante democrático el triunfo del “no”, esa circunstancia adversa abre la oportunidad para lograr un acuerdo más incluyente todavía y lograr que el sentimiento unánime a favor de la paz se concrete en términos mucho más comprensivos.

Buena parte de la opinión pública colombiana se había manifestado, no en contra de la paz, sino en contra de aspectos muy puntuales de los acuerdos firmados.

Ahora, seguramente, el presidente Santos podría liderar un esfuerzo más amplio y más nacional para seguir trabajando por la paz.
Venezuela debe seguir el ejemplo. No a la violencia. No a la guerra. No a los excesos verbales ni a las agresiones inútiles. Lo que se impone es el diálogo civilizado y la búsqueda de soluciones a los problemas que afligen a la población venezolana.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández
@EFernandezVE

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