miércoles, 5 de octubre de 2016

PERDIÓ EL ACUERDO, PUEDE GANAR LA PAZ

TRINO MARQUEZ

El Acuerdo de Paz firmado por el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC no logró convencer a la mayoría de los electores colombianos. Algo más de 60% de los votantes se abstuvo, y de la franja que acudió a las urnas, la porción más alta se inclinó a votar por el No. Esto ocurrió a pesar de la abrumadora propaganda orientada a atraer los ciudadanos a las urnas  y a votar a  favor del Sí. La pompa de la firma del Acuerdo el lunes anterior en Cartagena, con la presencia del Secretario General de la ONU, el rey de España y numerosos jefes de Estado y personalidades que avalaron ese pacto, permitía  pensar que los colombianos se movilizarían más de lo acostumbrado a los centros de votación y que el triunfo del Sí sería amplio. Esto último era lo que indicaban la mayoría de las encuestas.

Los pronósticos se cayeron. El No ganó por escaso margen, pero dada las condiciones en las que ocurrió, esa victoria representa una conquista homérica. Se obtuvo contra todos los vaticinios y superando el ventajismo del Gobierno y el chantaje desatado contra quienes pensaban que votar por el No era la mejor opción para el presente y el futuro de Colombia. Vistos los resultados finales, se desprenden varias conclusiones.

El triunfo del Sí, de haberse producido, habría sido por muy estrecho margen. Una victoria ajustada le habría restado legitimidad al tratado y habría terminado por dividir aún más a un país plagado de desigualdades e inequidades como Colombia. El Sí tenía que ganar por un amplio margen para que garantizase una paz y una reconciliación duraderas, o de lo contario mejor era que perdiese, tal como ocurrió. Que el No ganase por estrecho margen no era grave; que el Sí lo hiciese habría sido negativo para el Gobierno, las FARC y el proceso de paz. La controversia habría persistido.

El Acuerdo no convenció por la sensación que se creó en la mayoría del electorado de que favorecía la impunidad, no trataba con respeto a las víctimas de los terroristas,  convertía en caballeros bienandantes a los insurgentes que durante más de seis décadas asolaron el territorito colombiano y no era ninguna garantía de paz, progreso  y estabilidad para los neogranadinos.

El éxito del No obliga a redefinir los aspectos más polémicos del Acuerdo, especialmente los que favorecen la impunidad y lavan de forma obscena el rostro y las manos de los líderes guerrilleros, dejando intactos sus bolsillos. Se abre una nueva etapa en la que todos los participantes del conflicto estarán interesados que culmine de forma exitosa.

Los dirigentes de la FARC comprobaron, una vez más, que son repudiados por la inmensa mayoría de los colombianos. Su método de lucha, la violencia y el terrorismo, es rechazado y carece de toda posibilidad de atraer las mayorías, convertirse en opción triunfadora y conquistar el poder. El interés de esa dirigencia debería residir en buscar una vía que permita insertarse en la vida institucional y someterse a las normas constitucionales, tal como ocurrió con el M-19.

Al gobierno de Juan Manuel Santos también le interesa que nuevos acuerdos prosperen. El golpe recibido fue muy fuerte. Santos subordinó hasta la dignidad del Estado y del Ejército a alcanzar esos acuerdos. Desde el mismo comienzo realizó concesiones que parecían inadmisibles, como el orden de la agenda, para tratar de obtener el favor de los dirigentes de las FARC. Estos no cedieron ni un ápice. Ni siquiera acordaron una tregua cuando comenzó la ronda de negociaciones en Cuba. Esa falta de firmeza se reflejó en la larga lista de acuerdos finales. Su debilidad como negociador fue castigada por los electores. Ahora tendrá que introducir correcciones que permitan firmar un nuevo pacto.

Por último, quienes promovieron el No, particularmente Álvaro Uribe y su grupo, se encuentran obligados a pasar de la etapa negativa a la etapa propositiva y afirmativa. Los colombianos esperan propuestas aceptables y conciliadoras, que limen los aspectos más ásperos de los acuerdos vigentes y puedan ser aceptados por las partes en conflicto, sin que el rostro de la venganza o sea el dominante.

Cada uno de esos sectores posee razones suficientes para aspirar alcanzar resultados positivos en la nueva fase. Creo que debe decirse que perdió el Acuerdo, pero puede ganar la Paz.

@trinomarquezc

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