martes, 12 de mayo de 2015

LA PESTE ROJA DEL SIGLO XXI

ENRIQUE VILORIA




No podemos colegir si nuestra Peste Roja del siglo XXI  es tributaria directa de la Peste Negra que azotó implacablemente a Europa durante la Edad Media; recordemos que  fue llamada así debido a su manifestación física y su efecto devastador  sobre la sociedad. El número total de muertes atribuidas a esta pandemia fue colosal. El término "negro" también se refería a abatimiento o pavor por los efectos devastadores que esta enfermedad tenía sobre la sociedad. La historia registra a la Peste Negra comenzando en el siglo XIV en el sur de Rusia, cerca de Crimea. Desde allí, la enfermedad se extendió a lo largo de rutas del Lejano Oriente hacia Europa Occidental y el Medio Oriente. La enfermedad progresó a lo largo de las rutas comerciales y viajeras. Las condiciones pre-existentes de guerra y hambrunas sólo exacerbaron la propagación de la enfermedad durante este tiempo. Los patrones de agricultura y comercio fueron interrumpidos, y condiciones climáticas adversas empeoraron el ya disminuido suministro de granos -- trigo, cebada, y avena. Las poblaciones ya debilitadas por la malnutrición fueron más susceptibles a la enfermedad. La pérdida de trabajadores, debido a hambrunas y enfermedades, afectó negativamente a la economía lo que condujo a la pobreza y al crimen.

Nuestra Peste Roja del siglo XXI es también pródiga en efectos adversos y sanguinarios,  tal como lo registran las estadísticas de allende, no las de aquende:

  • El número alarmante de asesinados en los últimos largos cinco lustros.
  • La crisis hospitalaria y los médicos emigrados.
  • La ausencia de medicinas e insumos médicos.
  • El cierre de empresas productivas.
  • La escasez de productos básicos, pollo, harina de maíz precocido, azúcar y trigo.
  • La creciente niñez abandonada.
  • La dilapidación de los recursos del Estado.
  • El aislamiento progresivo del país.
  • La ausencia de electricidad y agua potable.
  • Las escuelas sin alumnos ni profesores.
  • Una pobreza creciente y alarmante.

Y paremos de contar, nuestra Peste Roja del siglo XXI no es biológica sino ideológica, se contamina con las ideas de trasnocho decimonónico y la contagia la hegemonía comunicacional, es producto de un salto atrás donde el ciudadano se convierte en enfermo crónico de un proceso que ya no sabe qué hacer con sus marginados, pobres, enfermos, presos, misioneros, acólitos, enchufados, prebendados, corruptos y putrefactos ciudadanos de la revolución,  a los que las hinchazones de la conciencia, los bulbos de la enfermedad delatan en bancos y organizaciones internacionales,  como la DEA, el FBI, la CIA y la INTERPOL,  a nuestros propagadores de la peste carmesí:

Sin consuelo revolucionario para esta Peste Roja del siglo XXI, recordemos que:

Bíblicamente, las pestes siempre han sido un instrumento de castigo divino de Dios.

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