martes, 20 de enero de 2015

Venezuela: Último Año de Gobierno Chavista

Heinz Dieterich
  1. Crisis terminal
La crisis económica de Venezuela se ha convertido en una crisis polí­tica terminal para el gobierno de Maduro. Maduro perderá las elecciones parlamentarias de este año y saldrá a más tardar en 2016 del poder, sea por referendum revocatorio, renuncia o intervención militar. Es prácticamente imposible que el oficialismo revierta este escenario. Con el 75% de la población en contra del gobierno de Maduro; con China negándose a inyectar más liquidez a una polí­tica económica idiota y suicida; con una oposición unificada para las elecciones parlamentarias y la cobardí­a sin lí­mites de los gobernadores y lí­deres del PSUV para cambiar el rumbo del paí­s, el oficialismo ha perdido todo poder de negociación para salvarse. La troika Maduro-Cabello-Arreaza se mantiene sobre mentiras y bayonetas. Pero, las mentiras (guerra económica) ya sólo convencen al 20% de la población y el tiempo de las bayonetas se acaba. En menos de dos años, una troika de ineptos y prepotentes ha despilfarrado la herencia de lucha popular de generaciones; desprestigiado la alternativa del Socialismo del Siglo 21 y creado las condiciones para la reconquista del poder por la oligarquí­a y el imperialismo.
2.Economí­a política del debacle
 
 

La crisis terminal es resultado del fallido intento de la Nueva Clase Polí­tica bolivariana, de monopolizar el poder polí­tico monopolizando el plusproducto petrolero. En un raro momento de verdad, el Gobernador del estado Anzoátegui, Aristóbulo Isturiz, reconoció públicamente (14.7.2014) esa estratagema: El control de cambio en Venezuela no es una medida económica, es una medida polí­tica. Porque si nosotros quitamos el control de cambio, ustedes sacan los dólares y nos tumban. Mientras gobernemos tendremos que tener control de cambio. Y tendremos que amoldarnos, con control de cambio, a manejar la economía.
Dirigir un paí­s a través del control del plusproducto “medida recomendada por Fidel a Chávez” es una polí­tica correcta. De hecho, todas las clases dominantes del mundo lo hacen. Pero, hay que saber hacerlo. Y ahi­, la troika tení­a todo resuelto. Delante de sus narices, Evo Morales, Rafael Correa, Lula y Daniel Ortega, aplicaban exitosamente el know how del desarrollismo criollo viable en América Latina. Simplemente, tení­an que entender y asimilar la dialéctica de este desarrollismo. Pero, su incultura, arrogancia e ideologí­a delusional (delusional thinking) lo impidieron y llevaron la economí­a nacional al actual panorama desolador. Las cifras del PIB, del déficit fiscal, de la inflación, de las reservas internacionales, de la sobrevaluación, etc., describen el panorama con precisión; mientras que el precio bajo del petróleo y la incapacidad de someter mercantilmente a Arabia Saudita, Irak y Qatar, aborta las esperanzas de una pronta recuperación.
    3. Se asoma el Leviatán
     
    En su sobreestimación infantil del poder del Estado frente a la sociedad, y su hybris generalizada, la nomenclatura del PSUV convirtió la crisis económica en crisis polí­tica. Su receta de autodestrucción consta de tres elementos: a) no hacer las reformas necesarias cuando tení­a el poder de negociación necesario, después de la elección de Maduro; b) no entender que su mentira de guerra económica tení­a un ciclo de manipulación efectiva limitado, como toda propaganda; c) al obligar al ciudadano a presentar documentos de identidad, registrarse, someterse a controles biométricos, conculcarle sus derechos civiles y constitucionales (prohibición de pernoctar fuera de supermercados) etc. y toda esta parafernalia para comprar un kilo de papas (sic) lo humillan, muestran que su modelo económico es inviable y exhiben la cara de Leviatan del Estado (policiaco).
    4. La negación de China
El gobierno chino ha tenido tres fases en su trato con la troika. Cuando por default la troika llegó al Palacio de Miraflores, Beijing creyó en los reportes triunfalistas de los burócratas de su embajada, de que todo iba viento en popa. Cuando los í­ndices de disfuncionalidad de la troika se hicieron más evidentes, Beijing aceptó que habí­a una alta probabilidad, de que fracasara. Pero, para proteger sus inversiones de alrededor de 50 mil millones de dólares, por razones de Estado y geopolí­tica, decidía seguir apoyando, para evitar el peligro de un gobierno de derecha pro-gringa. Sin embargo, con el fracaso de la desesperada e improvisada visita de Maduro a China, Rusia y los pai­ses de Medio Oriente, quedó claro que Beijing ha abandonado la esperanza de que la troika pueda salvarse. Le negó a Maduro la liquidez necesaria ($16 mrd) para mantener su reality show de socialismo hasta las elecciones. Para Beijing, la troika ya ha entrado en un de facto default político-económico. Es una conclusión nada dramática ni sorprendente. Simplemente reconoce una verdad objetiva que en lo económico ya habí­a sido evidenciada por múltiples instituciones financieras del Capital.
    5. Las mayorías se van: el fin del Chavismo
    La sentencia al colapso de la troika está escrita en la evaluación de su gestión en las últimas encuestas nacionales. El 84% de la población considera la situación del paí­s mala o muy mala; el 74% piensa que la gestión de Maduro es mala; el 72% no creen nada de las declaraciones del Presidente sobre la economí­a; el 70% no quiere que siga más allá¡ del 2016; el 86% lo considera responsable de las colas; la presencia de los militares en el gobierno es considerado malo por un 70% y el 75% cree que la situación económica es ahora peor o mucho peor que hace un año.
Maduro es, hoy día, un general sin tropas. Pero, peor, sin espacios de maniobra: el 80% de los encuestados está en contra de una devaluación del bolí­var; el 70% en contra del aumento de la gasolina; el 85% rechaza las expropiaciones como mecanismo para resolver la crisis y más del 90% considera indispensable un acuerdo entre el sector público y el privado para enfrentar la crisis.
    6. La batalla decisiva y el colapso de la 6ta República

    La troika y su sumisa nomenclatura entran ahora a la batalla decisiva por el poder. Pero, comandan una fuerza fantasma. No tienen programa, ni cuerpo dirigente, ni narrativa o mí­stica de guerra, ni tropas (apoyo popular/clase media), ni dinero. Es decir, carecen de los recursos básicos para vencer. Y, aunque en la guerra se cuentan los muertos después de la batalla, es obvio, que el destino de la batalla está sellado.
Ante esta situación, al 40% de los ciudadanos que no quieren votar ni por la troika moribunda, ni por la derecha unificada de Capriles-Falcón-López, les queda un solo camino de acción, para garantizar su futuro y el de la Patria. Formar un partido polí­tico de centro que rompa el nuevo nefasto bipartidismo venezolano.

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