viernes, 6 de julio de 2018

Felicidad

Eduardo Fernandez


Hay una asociación indisoluble entre la propia felicidad y el bienestar de los que nos rodean. Cada uno de nosotros tiene que hacer todo lo posible por ser felices. Parte del esfuerzo que hay que hacer para ser felices es procurar hacer felices a todos los que nos rodean, pensando siempre en el Bien Común.
“El hombre es un ser para la muerte”. Es la frase del famoso filósofo alemán Martin Heidegger en su obra Ser y Tiempo. Encuentro esa frase muy pesimista. Prefiero pensar que el hombre fue creado para la vida, todos hemos sido creados para ser felices. Nuestra auténtica vocación, es la felicidad. El libro de la sabiduría dice que: “Dios creó al hombre para que nunca muriera, porque lo hizo a imagen y semejanza de sí mismo”.
 Comprendo que hablar de la felicidad en el mundo contemporáneo resulta difícil. Hablar de felicidad en un país como Venezuela sometido a los sufrimientos que ha producido el “socialismo del siglo XXI”, mas todavía. Hay mucho sufrimiento en el mundo y en Venezuela. Sin embargo, nuestro deber es “ser felices”.

En una reunión con un grupo de jóvenes mujeres el sacerdote jesuita Anthony de Melo les preguntó. Ustedes quisieran vivir una vida como la de la princesa Diana o preferirían vivir una vida como la madre Teresa de Calcuta. Seguramente la mayoría de las jóvenes se inclinarían por el esplendor de la vida de Lady D. Parece evidente que Diana fue una persona que vivió una vida muy atormentada y muy infeliz, en cambio la madre Teresa de Calcuta, sumergida en ambientes de pobreza extrema fue un ser humano inmensamente feliz.

La felicidad no depende de cuánto dinero tengas o de los lujos que puedas darte. La felicidad tiene mucho más que ver con la vida interior de cada uno, con la capacidad de amar y de ser amado.

Max Scheler, otro filósofo Alemán, decía “solo el bueno es feliz y solo el que es feliz obra bien “. También decía: “el hombre dichoso puede sufrir con alegría la miseria y el infortunio”. En cambio con mucha frecuencia nos encontramos gente que vive en la opulencia y que, sin embargo, no son felices.

La esencia del cristianismo está condensada en estas frases: “Compórtate con los demás como quisieras que los demás se comporten contigo”. Y, “Amar al prójimo como a ti mismo”.

Hay una asociación indisoluble entre la propia felicidad y el bienestar de los que nos rodean. Cada uno de nosotros tiene que hacer todo lo posible por ser felices. Parte del esfuerzo que hay que hacer para ser felices es procurar hacer felices a todos los que nos rodean, pensando siempre en el Bien Común.

Un pensador inglés llamado Jeremy Bentham decía que para que nuestras acciones puedan considerarse “morales”, deben asegurar la mayor cantidad posible de felicidad para el mayor número posible de individuos. Consientes de todo lo que está sufriendo el mundo y de todo lo que estamos sufriendo los venezolanos, me ha parecido oportuno recordar que nada hay más importante para cada uno de nosotros que ser felices y hacer felices a todos los que nos rodean.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández

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