lunes, 6 de abril de 2015

EL FIN DE MILAGRO BRASILEÑO A AMENAZA A ROUSSEFF

ALICIA GONZALEZ

EL PAÍS

Desde 2009, cuando la economía brasileña se contrajo como consecuencia de la crisis financiera internacional, Brasil no había experimentado un escenario tan complicado. En pleno frenazo de la economía, que a finales de 2014 caía el 0,3% según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Gobierno ha emprendido un programa de ajuste y el banco central ha retomado las subidas de los tipos de interés. Todo para recuperar la confianza de los inversores a cualquier precio e intentar evitar que el escándalo de Petrobras acabe por rematar el legado económico de Dilma Rousseff.
“En buena medida, el Gobierno brasileño ha dirigido Petrobras igual que el país: con elevado gasto y pobre planificación”, aseguran los estrategas de Global Risk Insights. El desplome del precio de las materias primas ha resultado especialmente duro para la economía brasileña. La actividad y los ingresos se han frenado en seco. El déficit público cerró 2014 en el 6,7%, el nivel más alto en la última década, lo que ha disparado la deuda pública al 63,4% del PIB. Unas cifras que no presentaban un gran problema en el pasado dada la ingente entrada de capital extranjero para financiar los desequilibrios. Ahora la situación ha cambiado radicalmente y como consecuencia del escándalo de Petrobras y la desconfianza en la economía, ninguna empresa brasileña ha podido colocar deuda en el mercado internacional desde noviembre.
El diagnóstico es generalizado. “Por los errores y distorsiones acumulados en los últimos años, el país se ve forzado a adoptar una política económica restrictiva en un momento en que la actividad interna está siendo golpeada por una serie de shocks negativos importantes”, sostienen en BBVA Research. “Años de errores, problemas de oferta no abordados y una excesiva intervención estatal han coincidido con una situación global más difícil y han creado el escenario para un doble revés: una actividad a la baja e inflación al alza”, subraya el economista para América Latina del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Ramón Aracena.
El nuevo ministro de Finanzas, Joaquim Levy, ha empezado a aplicar reglas más estrictas para obtener determinados beneficios sociales, como el seguro de desempleo, y ha anunciado subidas de impuestos sobre las importaciones y los carburantes, entre otros. El freno en los planes de inversión de Petrobras, que suponían el 10% del total del país, se ha trasladado directamente a la economía. Al tiempo, el banco central ha subido los tipos de interés hasta el 12,75% actual para contener una inflación del 7,7%. Los analistas auguran que el precio del dinero acabará el año cerca del 13,25% para tratar de contener la subida de precios.
Hay más. Una severa sequía ha empezado a provocar racionamientos de agua y electricidad en el corazón de la región industrial del país y eso reducirá el PIB en medio punto. Casi con toda seguridad, la economía entró en recesión en el primer trimestre.
El mayor riesgo, dicen los analistas, es que el ajuste no se aplique hasta el final, que los recortes en gastos y ayudas y las subidas de impuestos dificulten tanto la situación económica que al Gobierno le resulte imposible la negociación con el Congreso —ya bastante complicada— y aceleren la pérdida de apoyo de los ciudadanos. La tasa de aprobación de Rousseff cayó desde el 42% en diciembre hasta el 12% en abril, según una encuesta de Datafolha, “en buena medida como consecuencia del escándalo de corrupción en Petrobras”, apuntan desde el IIF. Aracena augura que el apoyo a Rousseff se diluirá aún más en los próximos meses, por el deterioro de las condiciones laborales y los escándalos de corrupción.

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