sábado, 22 de enero de 2011


Agarre su galpón

Fausto Masó

Derrotar a Chávez en la Asamblea exigirá poseer la estrategia del ajedrecista Capablanca y la pegada de un Tyson. Por la reacción de Borges, María Corina, Barboza, González no parece que el PSUV acallará a la oposición. Inesperadamente hay un debate en el país que algunos menosprecian o lo reducen a una discusión en una gallera. Se equivocan. Pero ¿cuánto tiempo durará ese admirable espectáculo? Hasta que Miraflores lo asfixie al utilizar el reglamento de la Asamblea.

Chávez permitirá una elección libre en 2012 si es su mejor alternativa, si no tiene escapatoria. Lleva las de perder en el debate por su triste obra de gobierno, pero como ocurre con los creyentes en cualquier utopía seguirá jactándose de sus intenciones maravillosas: crear el hombre nuevo, instaurar el reinado del amor en la tierra. Como la realidad es otra, muy otra, Chávez prefiere un debate en las nubes, no en la tierra; hablar de la alienación del trabajador en vez de analizar qué ha ocurrido con la cosecha de arroz.

Chávez el pasado sábado recordó que María Corina Machado era hija de la mujer que lo había presentado por primera vez en un programa de televisión. Elogió a Arturo Uslar Pietri. Cosas veredes, Sancho. Repitió una fórmula que le ha dado éxito en el pasado: desconcertar a la oposición, dividirla. Sólo que esta vez, por repetida, la maniobra pierde contundencia.

Pretendía también demostrar el carácter democrático del gobierno. En cualquier Parlamento el Gobierno conversa con la oposición, no se propone eliminar a sus oponentes. Pero, ¿es este un gobierno igual al de cualquier otro del pasado? No. Por tanto hay que estar ojo avizor, se requiere en 2012 ser mayoría y vencer el chavismo en cualquier terreno. Eso sí: cuidado, Chávez todavía no ha perdido las elecciones. En absoluto.

Chávez, a diferencia de Fidel Castro, necesita una imagen democrática. A los pocos días de tomar el poder con las armas en la mano, en un discurso definitorio Castro preguntó a la multitud: “Elecciones, ¿para qué?”. A continuación, dijo que la dictadura del proletariado era la verdadera democracia.

Chávez sustenta su poder en una apariencia democrática. Dicta una legislación para justificar sus violaciones de la Constitución. Chávez no es un enemigo fácil, aplica a la política conceptos de la estrategia militar: retrocede para después avanzar.

Cambia el discurso, no los objetivos.

Por ahora quiere seducir con una reforma urbana a la clase media, la promesa de que los arrendatarios pasarán a ser propietarios, pagando tarde mal y nunca el inmueble, lo que lucirá tentador a más de uno. Al alojar a los damnificados en hoteles y edificaciones sin terminar, prometer construir 350.000 viviendas, otra vez les envía un mensaje seductor a los más pobres. Prefiere que Turquía, y no empresas venezolanas, a cambio de petróleo construya viviendas. Pide a sus seguidores que invadan los galpones vacíos, sin preguntarse qué ocurrió con las empresas que los utilizaban en el pasado. A ese paso tendremos viviendas, si se construyen, y más desempleados. ¿Entenderán los más pobres que esos cantos de sirena no traerán a la larga prosperidad? Con galpones y discursos no se va al mercado. Adiós al empleo.

En algún momento hasta los que más aplauden sentirán que les aprieta el hambre.

¡Vivan los plátanos rusos!




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