sábado, 9 de junio de 2018

Venezuela: la neolengua de la neodictadura 
 
 Giovanni Meza Dorta

George Orwell, en su novela 1984, había señalado que la neolengua tenía como propósito modificar la antigua lengua para dominar el pensamiento de los miembros del partido. Esta distopía o sociedad ficticia no se encuentra hoy muy alejada de la realidad. En el caso de Venezuela tenemos un hecho emblemático.
El objetivo del Gobierno ha sido la construcción de un nuevo lenguaje en las personas, que limite su comprensión de la realidad por medio de la propaganda oficial como única forma de contrastarla. Esta neolengua pretende no solo establecer nuevas palabras, sino hacer desaparecer otras cuyos significados son relevantes para la democracia, tales como: libertad, tolerancia, pluralidad, república y similares. Logrado esto, se prosigue con un proceso de masificación en el que el individuo aislado carezca de total relevancia en el proceso de socialización.
Aspecto fundamental de este procedimiento ha sido la frase impresa en distintos medios, cartillas y periódicos: “Pero tenemos Patria”, frase con la cual el Gobierno ha pretendido que, a pesar de los obstáculos, se lucha por algo más glorioso y significativo. Sin embargo, la locución “Pero tenemos Patria” alude a efectos más potentes, inclusive, perverso en su propio significado político. Veamos. Se pretende articular las raíces propias de la patria con las raíces de los llamados pueblos originarios. Es decir, con nuestra historia precolombina, lo cual nos apartaría de nuestra herencia occidental: nada de libertad, democracia, separación de poderes… Se propone una total independencia con el mundo occidental y sus representaciones; nuestra legitimidad sería endógena con sus correspondientes acciones soberanas, muy distinta a la eventual injerencia cultural extranjera, porque somos “otra patria” que no se corresponde a los conceptos occidentales.
Pero ello no es suficiente, la neolengua necesita de otra vuelta de tuerca. Quienes todavía osan disponer y expresar el viejo lenguaje burgués, son (o deben ser) una ínfima minoría, que como tales deben ser despreciados. Son, pues, una excrecencia de la sociedad a los que hay que apartar. Son, en suma: “escuálidos”, “vende patrias”, “serviles del imperio”, “guarimberos”, “especuladores”, “empleados de las trasnacionales”…
Ahora bien, hay que socavar el lenguaje normal, el de las percepciones, los pensamientos y los sentimientos correctos. Por ejemplo, para la neolengua hacer largas colas para adquirir productos es el resultado del acaparamiento de bienes para generar conflictos y no la consecuencia del control de cambio y el desprecio por la iniciativa privada. A las empresas estranguladas las llaman abandonadas. Los cortes de luz son producto del sabotaje, y no la falta de inversión y mantenimiento. La inflación, la escasez y falta de producción nacional se deben a la guerra económica y no a la expropiación de más de siete millones de hectáreas y desinversión productiva. El racionamiento y la aplicación de máquinas capta huellas en la compra de alimentos se debe al “abastecimiento seguro” y no a la escasez de más del 80% en muchos productos. La falta de medicinas se debe a la corrupción y la especulación, y no a los controles de cambio y precios y al ataque a la libre empresa.
Modificar el sentido común del lenguaje es el propósito fundamental para que el individuo pierda su libertad, de allí la hegemonía comunicacional, para bloquear la emisión de mensajes divergentes del poder, a través de la censura y la represión. Este procedimiento fue realizado con el cierre de RCTV y la adquisición por quiebre forzoso de la cadena Capriles, Globovisión y otros. Debe adicionarse la censura y la suspensión de las cableras internacionales: NTN24, CNN en español y Caracol.
Otro aspecto relevante es el control del aparato educativo para lograr la reducción cognitiva de las personas por medio de una propaganda masiva con un lenguaje degradado y soez. Caso contrario, sería una educación de calidad y crítica para garantizar ciudadanos capaces de argumentar contra aquella propaganda. Así, tenemos que el espacio público no es el ámbito para discurrir con tranquilidad y en paz sobre un acontecer determinado, sino el de una propaganda, entre cuyos elementos está la guerra: guerra económica, de medios, antiimperialista, lo cual significa que la población es tenida como tropa o cuartel, reforzando así la relación mando-obediencia. Un punto más para que la deliberación democrática desaparezca. En suma, a la neolengua de la guerra no le interesa el discernimiento sino la obediencia.
Estos aspectos de la neolengua que conforman la arquitectura de la neodictadura lamentablemente no fueron atendidos de manera cabal en los inicios del Gobierno chavista. Obviamente, con mayor razón fueron omitidos por la comunidad internacional. Sirvan estas líneas para una mejor comprensión de la tragedia que aqueja al pueblo venezolano. Una lección adicional se suma a los anteriores comentarios. Las dictaduras mutan, aprenden de viejas lecciones. En nuestro caso, la neolengua es el soporte ideológico para la neodictadura.

El autor es profesor invitado USAL. Historiador y doctor en Sociología. Venezolano.

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